(A los pies de la Virgen del San Cristóbal).
-Sebastián, yo creo que las cabras nos dejaron plantados.
-Hombre de poca fe. Tú sabes que una dama que se precie de tal debe llegar a una cita al menos con media hora de atraso.
-Pero ya han pasado dos horas.
-¡Más damas todavía!
-¿Qué decís vos, Isidoro?
-Pa mí que cagamos pila.
-¿Y tú, Aliro?
-Yo les tengo una fe ciega.
-¿A todas?
-A la mía, por lo menos.
-¿Que ya la hiciste tuya, bribonzuelo?
-Déjame soñar, Gabriel. Le ofrecí mis labios y nos dimos un ósculo a la salida del Chez Henry. Ay, señor...
-¿Le gustó?
-Le hizo cosquillas mi bigote fino y nos matamos de la risa. Ay, señor...
-Te estás enamorando, Aliro, cuídate de los Idus de marzo.
-Déjame sentir al fin lo que es el amor, Gabriel.
-¿Nunca has amado? No me has contado tu vida.
-Has de saber que jamás pude amar a otra que no fuese mi madre. Le di mi vida entera y la pobre se vino a morir a los 94 años. Era el colmo de celosa. Echó a cualquier cantidad de candidatas de la casa. Dijo que todas llegaban por interés.
-¿Interés de qué?
-Del puesto que yo tenía en el banco.
-Creerían que contigo se iban a robar el banco.
-No bromees. Una me pidió los planos y me preguntó dónde arrendaban palas y taladros. A esa la descarté al tiro.
(Sigue)
Conversaciones de cuatro calaveras a la sombra de la estatua de Abadón
Cuatro calaveras buenas para el merecumbé se escapan noche a noche del cementerio para revivir las sensaciones que las hicieron vibrar de gusto en sus tiempos mozos
sábado, 22 de diciembre de 2018
domingo, 25 de noviembre de 2018
Cita en el Santa Lucía (Op. 4 Nº 1)
Por las noches, sobre todo de verano, emergen los bichos de las alcantarillas y se adueñan de las sombras; emergen las ratas y las cucarachas, las arañas de sus nidos, los zancudos -que nacieron para sobrevolar orejas durmientes- y los sueños, pues también emergen los sueños, las ilusiones, los amores perdidos y las esperanzas, la pasión, el frenesí, las risas innobles, el goce de la vida al filo del pecado. No puede ser casualidad entonces que apenas los relojes de Santiago tocan las doce campanadas que dan término al día que se fue o saludan al que viene, momento mágico de un tiempo imposible de definir, nuestras cuatro calaveras broten de sus escondrijos subterráneos, se desempolven, apliquen una buena estucada a sus huesos, planchen sus vestidos, calcen sus zapatos de tacón y traspasen las rejas que las mantienen recluidas en el viejo cementerio por la eternidad.
-Ay que le pone este cabro que escribe de nosotras niña.
-Ya llegará. Ya llegará.
-Mansito.
-A rendir cuentas de su vida y de su estilo.
-¿Y a ti a quién te tocó rendir cuentas?
-¡A quién va a ser!
-No sé si me gusta o no me gusta el estilo de este cabro.
-Los hombres son así. Se hacen los duros y terminan llorando a mares sobre nuestros pechos.
-Nuestro regazo suena más fino que nuestros pechos.
-Pucha a mí nunca me tocó un hombre así que llore en mi pecho fraterno.
-Suerte tienes chiquilla porque no hay mérito en lo que digo.
-Además tú eres virgen.
-O eras...
-O te haces la virgen.
-O nunca lo juiste.
-Ju ju ju.
-Juístete juístete...
-Ya empezaron no me ofendan parece que fuera un pecado ser virgen.
-En estos tiempos ya no es pecado...
-Es una ingenuidad del porte de una casa.
-La casa del pie chiquitito.
-Más bien yo diría que una grave anomalía sicopática rayana en el síndrome de Cotard.
-Ya me habían dicho algo así.
-A mí también.
-Como que te faltara litio chiquilla.
-Ya pos córtala si vamos a estar juntas que sea como los tres mosqueteros.
-¿Pico para todas como decía la monjita cuando picaba cebolla?
-¡Pico para todas menos para una!
-Ay me cansé.
-¿Cómo anocheciste?
-Malena soñé puras pesadillas.
-¿Qué soñaste?
-Soñé que el Isidoro me pisaba el metatarso de la pata izquierda cuando bailábamos en el Chez Henry y desperté coja.
-A lo mejor te revolcaste en la tumba a mí también me pasa a veces. Tengo pie inquieto.
-Huy igual que yo parece que está de moda.
-Lo que está de moda es la depre.
-A mí nunca me dio.
-A ti te dio surmenage.
-¿Y no moriste de eso?
-No tonta yo me quité la vida igual que la Dama de las Camelias.
-Nunca supe que la Dama de las Camelias se había quitado la vida.
-Pero si todo el mundo sabe que tomó veneno.
-No tonta esa fue Ofelia de Otelo.
-La que tomó veneno fue Yocasta.
-¿Bueno y de qué murió entonces la Dama de las Camelias?
-Se tiró al agua y se ahogó.
-¿Y tú de qué moriste?
-Yo morí de una bronconeumonia.
-Qué rasca.
-Yo morí cuando no se le abrió el paracaídas.
-¿A quién?
-A mi prometido.
-¿Iban en el mismo avión? Nunca me contaste.
-No tonta se le ocurrió hacer el salto del cóndor en el motel. Me aplastó con la guata y me dejó sin respiración.
-¿Y qué hizo?
-El canalla salió arrancando y avisó "la dama paga la cuenta".
-Has dado en el clavo sobre el hombre de estos días. Ya no son como en nuestros tiempos.
-¿Qué tiempos? ¡Nunca tuvimos tiempos!
-Somos unas calaveras sin tiempo.
-Unas calaveras pasadas de moda.
-Unas calaveras de todos los tiempos.
(Silencio. Pasa un angelito).
-Yo morí de amor...
-Cuéntate otra.
-Claro. Cuando se fue a la guerra dijo que me quería y dijo que lo esperara en la habitación mientras volvía.
-¿Lo esperaste como se debe?
-Lo esperé y morí de amor.
-Qué muerte más romántica así debí morir yo y no de bronconeumonia.
-Aguántate un rato chiquilla. Tenía las lentejas el pan y los tomates a la vuelta de la esquina en el almacén de don Bruno pero por cumplir el juramento al pie de la letra no salí y paré las chalas de inanición. En el velorio me enteré que no pensaba haber guerra. ¡Me dio una rabia! pero qué podía hacer a esas alturas. El perla se aprovechó de un simulacro que duró tres días y se fue para nunca más volver.
-Ju ju ju.
-Juístete juístete pero no gorviste.
-¿Y tú qué soñaste?
-Yo soñé con Aliro.
-¿Qué te decía? Cuenta cuenta.
-Llegaba con una corona de flores bien morada y me la ponía en el cuello. ¡Me veía tan linda! Después desperté y dije ¡puchacay! era un sueño.
-Obligada a seguir con tu rutina.
-Claro ¿me veo linda?
-Una lindura.
-¿No te da vergüenza?
-¿Por qué?
-¿Por qué? ¿Preguntas por qué? ¿Eres o te haces la cínica?
-Mal nacida.
-Ladrona.
-Me hago la cínica y soy cínica y qué jué.
-Venir a entenderlo todo ahora que una está muerta.
-Finada es más romántico.
-Habitante del Patio de los Callados.
-Huésped del Más Allá.
-No nos pongamos a discutir por pequeñeces ahora que nos hicimos amigas.
-¿Tienes algún descargo que hacer con tus florictas? Habla ahora o calla para siempre.
-Mira chiquilla don Gastón Loyola no tiene idea de que su viuda le viene a poner flores todos los días a su tumba. ¿Qué hay de malo que yo le saque el ramo para embellecerme por las noches?
-No sabís na dicen que se quejó al cementerio.
-¿Don Gastón? Pero si es un ánima tan caballera.
-La viuda tonta.
-No es nadita de tonta la viuda.
-Tonta tú chiquilla. ¡Ay esto de no poder usar comas!
-La viuda dijo que hay profanadores de tumbas.
-Huy qué susto ojalá no me profanen pero por siaca hay que estar preparada.
-Dijo que se están robando las flores.
-Y pidió un sumario.
-Y ya lo están incoando.
-Afírmate Catalina.
-¿Inco-qué?
-Ay niña.
-Qué me importa a mí si me veo linda y gratis más encima. ¿Pero de dónde sacaron toda esa información?
-La supimos por ahí.
-Nos contó un pajarito.
-¿No se estarán haciendo amigas de Gastón Loyola? Yo le eché el ojo primero sepanló.
-Cómo se te ocurre chiquilla don Gastón Loyola es un caballero a carta cabal.
-Jamás le sería infiel a su viuda.
-Es de rosario diario.
-Y pasa las noches llorando.
-Suspirando por su amor.
-Ahora último oigo música en su tumba cuando llego a acostarme fijaté.
-Es un fiel auditor de Compases al amanecer.
-En todas partes se cuecen habas.
-Más sabe el espíritu por viejo que por diablo.
-A palabras necias oídos sordos.
(Silencio. Pasa otro angelito).
-Bueno chiquillas ¿hasta qué hora vamos a estar esperando?
-Nos dejaron plantadas parece.
-Habrase visto.
-Cuatro regias calaveras esperando a sus galanes.
-¿En qué habíamos quedado anoche?
-En que nos íbamos a juntar bajo la estatua de Abadón.
-¿No habían dicho que iban a estar a los pies del Santa Lucía?
-Ahora que me acuerdo...
-Parece que eso dijeron.
-¡Y qué esperamos!
-¡Taxi! ¡Taxi!
(Suben).
-Pronto chofer al cine Santa Lucía.
-No tonta al cerro.
-A esta hora no hay películas en el Cinerama.
-El Cinerama no existe, señoritas.
-¿Ah sí? Yo vi "La Conquista del Oeste" "Grand Prix" "2001 Odisea del Espacio" y "Jesucristo Superstar" para que sepa.
-Eso fue hace muuucho tiempo, señorita.
-Yo vi "Lo que el viento se llevó".
-Yo vi "Rebeca".
-"Rebeca" la dieron en el Astor chiquilla.
-No en el Gran Palace.
-No en el Tívoli.
-Bueno, queridas damas, ¿dónde vamos?
-Vamos a los pies del cerro Santa Lucía a juntarnos con unos galanes que nos están esperando.
-¿A los pies de acá o a los pies de allá?
-A los pies de acá.
-Perdón que me meta, damas. ¿No será muy tarde para una cita? En estos tiempos que corren...
-¿Y qué?
-¿Nos ve con miedo?
-Nosotras les tenemos más miedo a los muertos que a los vivos.
-Hay muertos muy vivarachos fijesé.
-Hasta don Gastón Loyola podría salir con su domingo 7.
-Pero estos nos parecen decentes menos el de los soquetes rojos.
-Perdón, queridas damas. No sé qué me pasa con ustedes. No es por nada, pero algo raro les encuentro.
-¿Ha visto una mala cara?
-¿Demasiados huesos como dice Serrat?
-¡Guuuuaaaaaaa!
-¡Madre mía! ¡Madrecita santa! ¡Yo me bajo! ¡Quédense con el taxi!
-Siempre hacís lo mismo palomilla.
-Un sustito qué más da.
-Ya no me da risa.
-Mira al pobre cómo corre qué culpa tiene.
-Qué culpa tiene el tomate.
-Concéntrate en la calle. ¿Dónde estamos?
-No sé me cuesta reconocer Santiago está tan cambiado.
-No es como antes.
-Antes era más bonito.
-Más romántico.
-No veo ningún tranvía.
-Ni micros con suspensores.
-Yo me sentaba al lado del motor y me iba calentita.
-Yo también.
-¿Pagabai el boleto?
-Religiosamente.
-Ahora nunca he visto que paguen.
-¿Y cuándo te hai subido a una micro?
-¿Que no andabai en puros Ford 52?
-Ay niña con la jubilación de antes ya no alcanza fijaté.
-¿Y en la matiné del biógrafo te sentabai en la fila de los cocheros?
-Jamás nunca.
-Verdad que te educaste en las monjas.
-¡Mira allá está el Santa Lucía!
-Está igualito.
-No ha cambiado nada.
-Pero no veo a nadie.
-Deben de estar escondidos detrás de las matas.
-¿No nos habrán citado a los pies de allá?
-Anda tú niña a los pies de allá y nos avisas.
-¿Por qué yo?
-Porque eres la más joven.
-Ah bueno entonces sí ya voy espérense un ratito.
(Vuelve luego).
-No estaban.
-A los pies de acá tampoco.
-¿Se habrán ido?
-Llegamos atrasaditas es verdad.
-Dos horas no es nada chiquilla.
-Si quieren celeste que les cueste.
-Galanes de poca monta.
-Ya no hay caballeros en la ciudad.
-Se han visto muertos cargando adobes.
-Tan corto el amor y tan largo el olvido.
-¿Y ahora qué hacemos?
-Ahora nos vamos.
-Tan tan.
-Como en el tango.
-Me voy pero volveré...
-Así te lo prometí...
-Norma mía.
-Me da no sé qué volver al Católico tan temprano.
-Años que no nos recogimos con el búho.
-Estaba acostumbrada a escuchar el canto del gallo.
(En el cementerio).
-No tengo sueño qué lata.
-Yo tampoco.
-Juguemos una canasta.
-No mejor un poto sucio.
-Solitario no que me da pena.
-¿Brisca?
-Rota.
-Escoba.
-Yo no soy rota.
-¿Andái con cartas?
-Las tengo abajo.
-Yo tengo lápiz.
-Y yo ando con la cuenta del Chez Henry para anotar.
-¿Cuánto les salió? Dime dime.
-Un ojo de la cara.
-Ahora entiendo los arruinamos y andan pidiendo un préstamo.
Dejamos jugando de lo lindo a nuestras cuatro esqueletas. Como el juego lo inventaron los mudos, durante horas no les salió palabra alguna de sus dientes (ay, por fin una coma), tan concentradas estaban en las cartas que el gallo les cantó tres veces y si no fuera por el grito del camión de la basura a las seis de la mañana las habrían pillado chanchitas y mañana se lo estarían contando al juez.
-Ay que le pone este cabro que escribe de nosotras niña.
-Ya llegará. Ya llegará.
-Mansito.
-A rendir cuentas de su vida y de su estilo.
-¿Y a ti a quién te tocó rendir cuentas?
-¡A quién va a ser!
-No sé si me gusta o no me gusta el estilo de este cabro.
-Los hombres son así. Se hacen los duros y terminan llorando a mares sobre nuestros pechos.
-Nuestro regazo suena más fino que nuestros pechos.
-Pucha a mí nunca me tocó un hombre así que llore en mi pecho fraterno.
-Suerte tienes chiquilla porque no hay mérito en lo que digo.
-Además tú eres virgen.
-O eras...
-O te haces la virgen.
-O nunca lo juiste.
-Ju ju ju.
-Juístete juístete...
-Ya empezaron no me ofendan parece que fuera un pecado ser virgen.
-En estos tiempos ya no es pecado...
-Es una ingenuidad del porte de una casa.
-La casa del pie chiquitito.
-Más bien yo diría que una grave anomalía sicopática rayana en el síndrome de Cotard.
-Ya me habían dicho algo así.
-A mí también.
-Como que te faltara litio chiquilla.
-Ya pos córtala si vamos a estar juntas que sea como los tres mosqueteros.
-¿Pico para todas como decía la monjita cuando picaba cebolla?
-¡Pico para todas menos para una!
-Ay me cansé.
-¿Cómo anocheciste?
-Malena soñé puras pesadillas.
-¿Qué soñaste?
-Soñé que el Isidoro me pisaba el metatarso de la pata izquierda cuando bailábamos en el Chez Henry y desperté coja.
-A lo mejor te revolcaste en la tumba a mí también me pasa a veces. Tengo pie inquieto.
-Huy igual que yo parece que está de moda.
-Lo que está de moda es la depre.
-A mí nunca me dio.
-A ti te dio surmenage.
-¿Y no moriste de eso?
-No tonta yo me quité la vida igual que la Dama de las Camelias.
-Nunca supe que la Dama de las Camelias se había quitado la vida.
-Pero si todo el mundo sabe que tomó veneno.
-No tonta esa fue Ofelia de Otelo.
-La que tomó veneno fue Yocasta.
-¿Bueno y de qué murió entonces la Dama de las Camelias?
-Se tiró al agua y se ahogó.
-¿Y tú de qué moriste?
-Yo morí de una bronconeumonia.
-Qué rasca.
-Yo morí cuando no se le abrió el paracaídas.
-¿A quién?
-A mi prometido.
-¿Iban en el mismo avión? Nunca me contaste.
-No tonta se le ocurrió hacer el salto del cóndor en el motel. Me aplastó con la guata y me dejó sin respiración.
-¿Y qué hizo?
-El canalla salió arrancando y avisó "la dama paga la cuenta".
-Has dado en el clavo sobre el hombre de estos días. Ya no son como en nuestros tiempos.
-¿Qué tiempos? ¡Nunca tuvimos tiempos!
-Somos unas calaveras sin tiempo.
-Unas calaveras pasadas de moda.
-Unas calaveras de todos los tiempos.
(Silencio. Pasa un angelito).
-Yo morí de amor...
-Cuéntate otra.
-Claro. Cuando se fue a la guerra dijo que me quería y dijo que lo esperara en la habitación mientras volvía.
-¿Lo esperaste como se debe?
-Lo esperé y morí de amor.
-Qué muerte más romántica así debí morir yo y no de bronconeumonia.
-Aguántate un rato chiquilla. Tenía las lentejas el pan y los tomates a la vuelta de la esquina en el almacén de don Bruno pero por cumplir el juramento al pie de la letra no salí y paré las chalas de inanición. En el velorio me enteré que no pensaba haber guerra. ¡Me dio una rabia! pero qué podía hacer a esas alturas. El perla se aprovechó de un simulacro que duró tres días y se fue para nunca más volver.
-Ju ju ju.
-Juístete juístete pero no gorviste.
-¿Y tú qué soñaste?
-Yo soñé con Aliro.
-¿Qué te decía? Cuenta cuenta.
-Llegaba con una corona de flores bien morada y me la ponía en el cuello. ¡Me veía tan linda! Después desperté y dije ¡puchacay! era un sueño.
-Obligada a seguir con tu rutina.
-Claro ¿me veo linda?
-Una lindura.
-¿No te da vergüenza?
-¿Por qué?
-¿Por qué? ¿Preguntas por qué? ¿Eres o te haces la cínica?
-Mal nacida.
-Ladrona.
-Me hago la cínica y soy cínica y qué jué.
-Venir a entenderlo todo ahora que una está muerta.
-Finada es más romántico.
-Habitante del Patio de los Callados.
-Huésped del Más Allá.
-No nos pongamos a discutir por pequeñeces ahora que nos hicimos amigas.
-¿Tienes algún descargo que hacer con tus florictas? Habla ahora o calla para siempre.
-Mira chiquilla don Gastón Loyola no tiene idea de que su viuda le viene a poner flores todos los días a su tumba. ¿Qué hay de malo que yo le saque el ramo para embellecerme por las noches?
-No sabís na dicen que se quejó al cementerio.
-¿Don Gastón? Pero si es un ánima tan caballera.
-La viuda tonta.
-No es nadita de tonta la viuda.
-Tonta tú chiquilla. ¡Ay esto de no poder usar comas!
-La viuda dijo que hay profanadores de tumbas.
-Huy qué susto ojalá no me profanen pero por siaca hay que estar preparada.
-Dijo que se están robando las flores.
-Y pidió un sumario.
-Y ya lo están incoando.
-Afírmate Catalina.
-¿Inco-qué?
-Ay niña.
-Qué me importa a mí si me veo linda y gratis más encima. ¿Pero de dónde sacaron toda esa información?
-La supimos por ahí.
-Nos contó un pajarito.
-¿No se estarán haciendo amigas de Gastón Loyola? Yo le eché el ojo primero sepanló.
-Cómo se te ocurre chiquilla don Gastón Loyola es un caballero a carta cabal.
-Jamás le sería infiel a su viuda.
-Es de rosario diario.
-Y pasa las noches llorando.
-Suspirando por su amor.
-Ahora último oigo música en su tumba cuando llego a acostarme fijaté.
-Es un fiel auditor de Compases al amanecer.
-En todas partes se cuecen habas.
-Más sabe el espíritu por viejo que por diablo.
-A palabras necias oídos sordos.
(Silencio. Pasa otro angelito).
-Bueno chiquillas ¿hasta qué hora vamos a estar esperando?
-Nos dejaron plantadas parece.
-Habrase visto.
-Cuatro regias calaveras esperando a sus galanes.
-¿En qué habíamos quedado anoche?
-En que nos íbamos a juntar bajo la estatua de Abadón.
-¿No habían dicho que iban a estar a los pies del Santa Lucía?
-Ahora que me acuerdo...
-Parece que eso dijeron.
-¡Y qué esperamos!
-¡Taxi! ¡Taxi!
(Suben).
-Pronto chofer al cine Santa Lucía.
-No tonta al cerro.
-A esta hora no hay películas en el Cinerama.
-El Cinerama no existe, señoritas.
-¿Ah sí? Yo vi "La Conquista del Oeste" "Grand Prix" "2001 Odisea del Espacio" y "Jesucristo Superstar" para que sepa.
-Eso fue hace muuucho tiempo, señorita.
-Yo vi "Lo que el viento se llevó".
-Yo vi "Rebeca".
-"Rebeca" la dieron en el Astor chiquilla.
-No en el Gran Palace.
-No en el Tívoli.
-Bueno, queridas damas, ¿dónde vamos?
-Vamos a los pies del cerro Santa Lucía a juntarnos con unos galanes que nos están esperando.
-¿A los pies de acá o a los pies de allá?
-A los pies de acá.
-Perdón que me meta, damas. ¿No será muy tarde para una cita? En estos tiempos que corren...
-¿Y qué?
-¿Nos ve con miedo?
-Nosotras les tenemos más miedo a los muertos que a los vivos.
-Hay muertos muy vivarachos fijesé.
-Hasta don Gastón Loyola podría salir con su domingo 7.
-Pero estos nos parecen decentes menos el de los soquetes rojos.
-Perdón, queridas damas. No sé qué me pasa con ustedes. No es por nada, pero algo raro les encuentro.
-¿Ha visto una mala cara?
-¿Demasiados huesos como dice Serrat?
-¡Guuuuaaaaaaa!
-¡Madre mía! ¡Madrecita santa! ¡Yo me bajo! ¡Quédense con el taxi!
-Siempre hacís lo mismo palomilla.
-Un sustito qué más da.
-Ya no me da risa.
-Mira al pobre cómo corre qué culpa tiene.
-Qué culpa tiene el tomate.
-Concéntrate en la calle. ¿Dónde estamos?
-No sé me cuesta reconocer Santiago está tan cambiado.
-No es como antes.
-Antes era más bonito.
-Más romántico.
-No veo ningún tranvía.
-Ni micros con suspensores.
-Yo me sentaba al lado del motor y me iba calentita.
-Yo también.
-¿Pagabai el boleto?
-Religiosamente.
-Ahora nunca he visto que paguen.
-¿Y cuándo te hai subido a una micro?
-¿Que no andabai en puros Ford 52?
-Ay niña con la jubilación de antes ya no alcanza fijaté.
-¿Y en la matiné del biógrafo te sentabai en la fila de los cocheros?
-Jamás nunca.
-Verdad que te educaste en las monjas.
-¡Mira allá está el Santa Lucía!
-Está igualito.
-No ha cambiado nada.
-Pero no veo a nadie.
-Deben de estar escondidos detrás de las matas.
-¿No nos habrán citado a los pies de allá?
-Anda tú niña a los pies de allá y nos avisas.
-¿Por qué yo?
-Porque eres la más joven.
-Ah bueno entonces sí ya voy espérense un ratito.
(Vuelve luego).
-No estaban.
-A los pies de acá tampoco.
-¿Se habrán ido?
-Llegamos atrasaditas es verdad.
-Dos horas no es nada chiquilla.
-Si quieren celeste que les cueste.
-Galanes de poca monta.
-Ya no hay caballeros en la ciudad.
-Se han visto muertos cargando adobes.
-Tan corto el amor y tan largo el olvido.
-¿Y ahora qué hacemos?
-Ahora nos vamos.
-Tan tan.
-Como en el tango.
-Me voy pero volveré...
-Así te lo prometí...
-Norma mía.
-Me da no sé qué volver al Católico tan temprano.
-Años que no nos recogimos con el búho.
-Estaba acostumbrada a escuchar el canto del gallo.
(En el cementerio).
-No tengo sueño qué lata.
-Yo tampoco.
-Juguemos una canasta.
-No mejor un poto sucio.
-Solitario no que me da pena.
-¿Brisca?
-Rota.
-Escoba.
-Yo no soy rota.
-¿Andái con cartas?
-Las tengo abajo.
-Yo tengo lápiz.
-Y yo ando con la cuenta del Chez Henry para anotar.
-¿Cuánto les salió? Dime dime.
-Un ojo de la cara.
-Ahora entiendo los arruinamos y andan pidiendo un préstamo.
Dejamos jugando de lo lindo a nuestras cuatro esqueletas. Como el juego lo inventaron los mudos, durante horas no les salió palabra alguna de sus dientes (ay, por fin una coma), tan concentradas estaban en las cartas que el gallo les cantó tres veces y si no fuera por el grito del camión de la basura a las seis de la mañana las habrían pillado chanchitas y mañana se lo estarían contando al juez.
domingo, 19 de marzo de 2017
Empieza el merecumbé
-Chiquillas lindas, ¿nos harían compañía?
-¿A nosotras nos habla?
-S-sí.
-¡Cómo tan entrador caballero! Convengo que tal vez le pueda dar la impresión de que somos calaveras pero somos damas. Uf. Lo último que faltaba.
-Y una dama no acepta propuestas indecorosas de extraños... por muy bien parecidos que sean.
(Susurros en la mesa de los donjuanes).
-Ajá. ¿Oíste, Gabriel?
(Van subiendo las voces).
-No le veo el lado malintencionado a nuestra inocente propuesta, lindura...
-Con todo respeto: somos cuatro viriles corazones solitarios que ansían un consuelo en esta atormentada vida...
(Susurros en la otra mesa).
-No hagan caso chiquillas.
-Puros cantos de sirenos.
-Barretas mogosas.
-Dudan de nosotros, Gabriel.
-Con cuánta razón, Sebastián. No es de nobles señores hacer lo que hacemos.
-Interferir en la íntima privacidad de cuatro damas...
-... que a toda vista se advierte que solo buscan pasar un momento agradable escuchando tangos y boleros.
-Y que por ningún motivo se rebajarían a aliviar el alma y por qué no decir el cuerpo de cuatro románticos perdidos.
(Susurros de las calaveras).
-¿No le estarán poniendo mucho niña?
-Se hacen las víctimas.
-Hasta me dan ganas de llorar. Qué no daría por tener ojos.
(Suben la voz).
-Caballeros la verdad es que vinimos al Chez Henry porque nos dijeron que aquí se baila el merecumbé.
-Nos dijeron también que aquí canta el tenor Danny Daneri.
-¡Qué me dices, Gabriel!
-¡Caímos parados!
-Esos gestos tan triunfales ¿se podría saber a qué se deben?
-¿Les contamos la firme, Isidoro?
-Yo creo que sí.
-Ilustres damas, me presento. Soy Gabriel Astengo, aunque se me conoce mejor por mi nombre artístico.
-¿Cuál es su nombre artístico joven?
-Danny Daneri.
-¡Usted!
-¡Tan chiquitito!
-Y tan bonito...
-Ya te enamoraste niña.
-Para servirles.
-¿No va a cantar?
-Ya canté.
-¡Ohhh!
-Pero más ratito me toca salir de nuevo.
-¡Cántenos la vereda tropical por favor!
-Será un honor...
-Ejem... ejem...
-¿El caballero se quiere presentar?
-Así es, distinguidas damas. Yo soy Sebastián Pérez-Peredo, el rey del merecumbé.
-¡Oh!
-¿Usted dirige la famosa orquesta de Pérez-Peredo?
-Yo SOY Pérez-Peredo.
(Las damas cuchichean).
-No dominamos ese ritmo tan moderno.
-¿Nos... podría enseñar... algunos pasos?
-Será un placer.
-¿Atracamos primero las mesas?
(Cuchichean las damas).
-Las puras mesas.
-Y las manitos bien arriba.
-¿Se sirven una agüita?
(Cuchichean).
-¿Aceptamos?
-¿Y si después nos pasan la cuenta?
-Ay aceptemos entonces.
-Me gusta el de bigote fino.
-A mí el de ojos verde mar.
-A mí el del paquete.
-Córtala niña.
-A mí el tímido.
-Igual que Bosnia.
-¿Y qué? Yo abro la boca cuando es súper necesario pa que sepí.
-Déjense de pelear miren que ya estamos distribuidas. Respóndeles tú niña.
-Como se habrán fijado caballeros una invitación de ese calibre no es llegar y aceptarla. Pero tras arduo debate y considerando que mientras no demuestren lo contrario ustedes nos han parecido cuatro señores harto decentes... hemos decidido darles el sí. ¿Mozo?
-¿Dama?
-Un bife a lo pobre por favor.
-A la orden.
-A mí me provoca la langosta con camarones. ¿Hay?
-¡Claro que hay, señora linda!
-A mí de entrada patas de elefante y de fondo me tinca el avestruz con puré de manzana.
-A mí el filete a la mestregnon cuisí-cuisí. Y le pone dos huevitos fritos arriba si tiene la bondad.
(Cuchichean ellos).
-Chuta, Isidoro, ¿tenís efectivo? Las cabras andan hambreás.
-No, pero lo anotamos en la libreta.
-Me sopló el mozo que estaba llena y que antes de abrir otra hay que liquidar.
-Dile al Gabriel que haga el show por la comida.
-Chita, cabréense con la tonterita. A un tenor profesional no se lo trata de esa forma. ¡Yo, que conocí a Caruso! y terminar así.
-No nos veamos la suerte entre gitanos, Gabriel. Subiste del fogón a pedirle un autógrafo cuando cantó en el casino del vapor.
-Ya pos cabros, pónganse alguna vez ustedes.
-Lo anotamos en la libreta a nombre de todos.
-Bueno.
-Si acepta el dueño.
-¡Cómo no va a aceptar!, cuando le sabemos el manso renuncio.
-¿Esa vez que lo pillaste todo colorado con la Sandy en las rodillas?
-No pos, Aliro, acuérdate del mozo que le entregó la bolsa con la diosa blanca. Tú ibas entrando.
-Ah, ya, pero eso no es tan secreto. ¿Me vái a decir que los tiras de la otra mesa no saben?
-Un renuncio es un renuncio. Se trata de guardar las apariencias, Aliro. ¡Eres demasiado romántico! Vives pensando qué irá a decir la Gloria. Apollerado.
-¿Y a pito de qué me sacas eso, Sebastián, si tú andái por las mismas con la Eliana?
-En mi casa mando yo.
-La Glorita dice lo mismo.
-Muchachos, a lo nuestro.
(Música).
-¡Vooooy... por la vereda tropical!
-Ay niña salió a cantar Danny Daneri y yo con la boca llena.
-Qué lindo que se ve.
-Tan chiquitito.
-Parece otra persona.
-Con ese rulito que se hizo en la frente.
-Déjamelo a mí niña tan tierno que es.
-Y esa voz... si te contara lo que me pasa...
-Mejor que Leo Marini.
(Susurros).
-¿Hablaste con el mozo, Isidoro?
-Todo arreglado. A fin de mes pagamos.
-Sírvanse, damas. ¿Qué les parece Danny?
-¡Regio!
-Voz meliflua.
-Me pone los pelos de punta.
-¿Qué pelos niña que no te depilaste?
-Discúlpela caballero esta es virgen.
-Ay, hombre.
-... Y me juró quererme más y más, y no olvidar jamás, aquella noche junto al mar...
(Suspiros).
-Ohhh...
-Ahhh...
-Ac.
(Se acerca el mozo y le habla al oído a Sebastián).
-¿Cuatro liniecitas?
-Pero hombre, cómo se te ocurre. Esto no es vicio; es amor...
-A la orden, ¿se sirven algo más, damas?
-¿Qué hay de postre?
-Flan casero, mote con huesillos, panqueque con helado de frutilla y torta de milhojas.
-Ay yo quiero de todo.
-Contente niña ¡prívate de algo alguna vez!
-¡Me da una vergüenza salir contigo!
-Discúlpela caballero que tiene la lombriz solitaria.
-... Tú la dejaste ir, vereda tropical; hazla volver a mí. Quiero besar su boca otra vez junto al mar... vereda tropicaaal!
-¿En qué quedamos con el postre?
-Que no se note pobreza. Mozo, ¡eche a correr el pedido!
-A la orden.
(Gabriel vuelve a la mesa).
-¿Cómo canté?
-¡Divino, Danny! ¿Lo puedo llamar Gabriel?
-Como gustes, preciosura (se vuelve hacia los amigos). ¿Quedó algo pal manye?
(Se van haciendo las parejas).
-¿Y usted Isidoro de dónde es?
-De Rancagua.
-¿Y a qué se dedica?
-Soy distribuidor.
-Ah qué interesante ¿y qué distribuye?
-Los diarios, a todos los quioscos de Rancagua. Me levanto a las cuatro de la mañana a recibir los periódicos en la estación de ferrocarriles, los llevo a mi local en mi vehículo...
-¡Tiene vehículo!
-Algo sencillo, una Ford F-1. Para mis asuntos privados uso una motoneta Vespa.
-¡Tiene una Vespa!
-Bueno, ¿me deja hablar?
-Huy que fuerte.
-Le decía que como a las cinco de la mañana empiezan a llegar los canillitas a buscar los diarios para llevárselos a los quioscos. El último día hábil de cada mes lo dedico entero a contar plata. En el barrio me dicen el Pachá porque firmo cheques. Pero hábleme de usted.
-Si supiera Isidoro mi vida es tan vacía mejor ni le cuento dejémosla en el misterio...
(Otra pareja).
-¿Y cuál es su gracia?
-Aliro.
-¿Aliro cuánto?
-Aliro penca de gorilo.
-¿Cómo dice?
-Dejémoslo en Aliro.
-¿Es de los Aliros de Talca?
-No, de los Aliros de La Unión.
-Escuché que uno de sus amigos lo trató de apollerado.
-Lo dicen de envidia, porque soy un caballero. De los de antes.
-Me gustan los caballeros y usted parece uno de ellos se nota de lejos.
-Visto de terno y corbata y el sombrero lo saqué a crédito en Donde golpea el monito.
-Un caballero a carta cabal.
-Cuando veo que una dama hace parar un coche victoria corro a abrirle la puerta. Un día le puse mi paletó en el suelo para que no se ensuciara.
-¿El paletó?
-No, los pies de la dama.
-¡Qué romántico!
-Después me lo puse con una bosta de caballo en la espalda, pero me aguanté.
-¿Y a qué se dedica?
-Estoy en el banco.
-No me diga que me saqué la Polla con un banquero.
-Algo así. Soy bancario.
-¿Eso es más... o menos?
-Para serle sincero, es mucho mejor que ser el dueño del banco.
-¿Ah sí?
-¿No le digo? No tengo que pagar gratificación ni bonos de vacaciones. No tengo que preocuparme del Dow Jones ni de las carteras vencidas. Las platas hay que vigilarlas, sí, pero otros ordeñan la leche. Tampoco me toca hacer los baúles para el viaje a París.
-¿Ha ido a París? ¿Conoció a Jim Morrison?
-Ir a París es de futres. El patrón y la patrona se van todos los inviernos. A la vuelta el patrón llora miserias; dice que la patrona se gastó un dineral y me pide que lo acompañe a tomarse una malta con huevo. Yo lo consuelo. Me tiene cariño. Por eso siempre voto por él.
(Otra pareja).
-¿Y dónde aprendiste a cantar así Gabriel? ¿Te puedo tutear?
-Tutéame nomás, lindura.
-¡De repente sacaste una voz! Casi se quebraron las copas.
-De chiquitito me gustó cantar. En la escuela cantaba Granada y Noche de ronda y los profesores quedaban plop. Después con el Sebastián nos metimos al rubro del transporte público y compramos cuatro liebres, dos para cada uno, pero mi pasión es el canto.
-¿Verdad que cantaste con Caruso? Algo así oí decir.
-Te mentiría si dijera que es verdad completa. Viajamos juntos en un gran vapor y nos hicimos bastante amigos, no lo voy a negar.
-¿Te preguntó de Chile?
-Claro que sí.
-¿Y qué le dijiste?
-Le hablé de las empanadas, del vino tinto, las cuecas, el Patito chiquito y los terremotos. Lo dejé con la boca abierta. Cuando le conté del viaducto del Malleco, el bachicha no lo podía creer.
-Tienes mundo. Se nota. ¿Y dan las liebres?
-Sirven para alimentar a los críos, perdón se me salió, no vayas a tomarlo por cierto. La verdad es que estoy separado hace años. Mi mujer no me comprende... Sufro esta soledad como no te imaginas... Cada noche es un calvario...
-¿Pero dan las liebres?
-Dan para llegar a fin de mes. Es que los choferes son ladronazos. Pero ya que estamos en confianza, ¿te puedo hacer una pregunta?
-¿Qué quieres saber Gabriel?
-Si no es indiscreción, me he fijado que ninguna de ustedes usa comas.
-Huy qué horror lo descubriste que observador que eres.
-Ahora que nos estamos conociendo, ¿sería mucha frescura querer saber la razón?
-No te la vamos a revelar aunque nos metas en un río de pirañas.
-¿Ni un pichintún? Soy muy curioso te voy a confesar. Ju ju ju se me está pegando.
-La verdad Gabriel es que te metiste en el meollo del asunto entre nosotras cuatro. Pusiste el dedo en la llaga como se dice. Hay traumas que no conviene sacar a flote. Bueno tampoco es para ponerle tanto pero le da caché a la conversa ¿entendís o no?
-Conozco un doctor que atiende casos como el de ustedes. ¡Es una maravilla! La otra vez entró a la consulta una mudita y salió hablando francés. Y atiende por Fonasa te diré. El doctor, no la mudita. Te puedo dar su número de fax. El del doctor, porque la mudita no tiene fax y tampoco tenía teléfono, pero el doctor me contó que ahora puso uno para llamar a Francia.
-¿A quién?
-Parece que la muda quería llamar a Sachá Distel. Si quieres te doy su teléfono, pero no sé si hablará castellano.
-Voy a estudiar tu ofrecimiento.
(Locutor).
-¡Con ustedes... Sebastián Pérez-Peredo y la sonora Matucana!
(Música).
-¡Uuuuuuuu! ...¡Maaam-bo!
-Huy Gabriel se me va solo el esqueleto a la pista ¿no vienes?
-Prefiero los lentos, pero te confieso que los mambos del Sebastián son capaces de levantar muertos.
-¡Azúcar!
Y así fue que se armó la fiesta. Cada calavera con su pareja, menos la que se decía virgen, que se quedó mirando, mientras Pérez-Peredo dirigía la orquesta con un chihuahua en brazos.
-Cáchate el pasito que inventé.
-Lúcete, Isidoro.
-¡Estás causando sensación!
-Lúcete por los tres.
-Y eso que ando con un lumbago en la espalda de atrás.
-Hace rato que a mí como que me quiere dar un ataque de ciática.
-Yo ando fallo al talón de Aquiles.
-Hazte ver, Aliro, hazte ver.
-Y mientras tanto las cabras parecen una perinola.
-¿Aquiles no es el de la espada?
-No pos, Gabriel, ese es Pericles.
Luego le tocó el turno a su amiga; eso fue cuando Danny Daneri hizo su última salida de la noche. Entonces Sebastián sacó a la virgen y apretaditos bailaron El reloj. Isidoro le mentía chic to chic a su pareja y Aliro danzaba alejado, a disgusto de la calavera que en suerte le tocó.
-Debo confesarle que soy tímido. Mi mamá me dejó salir a mi primera fiesta a los treinta años y me fue a buscar. Ahora me escapé de la Glorita, pero siento un complejo de culpa.
Palabras que desataron el furor de su compañía, que estuvo a punto de lanzarlo todo a la chuña, pero como calavera con oficio nunca muere, recapacitó y decidió encauzar las aguas: con hombres así hay que hacer de tripas corazón.
-Si ahora bailas conmigo ¿para qué pensar en tu Glorita?
-Es que...
-Calla Aliro que la noche es breve y el corazón languidece. Si el destino nos ha unido no quieras separarlo con sensiblería barata.
Detén el tiempo en tus maaanos, haz esta noche perpetua... para que nunca se vaya de mí... para que nunca amanezca...
-Qué lindo que canta tu amigo. Atrácate un poco más Aliro que desfallezco de pasión.
-Si me atraco más me puedo ir cortina.
-¡Ay Aliro hazte hombre alguna vez!
-Glup.
Antes de que el gallo cantara las parejas salieron al Portal Fernández Concha e hicieron parar un coche.
-¡Coche!
El cochero se detuvo.
-Dónde putas van los señores.
-Siga de largo, las orejas de las damas han sido mancilladas por vuestras palabras.
-¡Así se habla, Gabriel!
-Acertó pasar un taxi.
-¡Taxi!
-El taxista se detuvo.
-¿Dónde los llevo?
-Valdivieso con Avenida La Paz, por favor.
-Pero ahí están los cementerios...
-¿Y qué? ¿Acaso Pericles no podía usar espada?
Las parejas fueron abordando el vehículo y el taxista las detuvo.
-¿Cuántos piensan subir? Esto no es el concurso de Don Francisco.
-Apretaditos cabemos de lo más bien.
-Bueno.
-Y así lo hicieron. Dos adelante y seis atrás.
-Deje a las damas en el Cementerio Católico, si tiene la bondad.
-Fíjate niña caballeros hasta el final.
-Primera cita sin probar bocado.
-Ni un besito saqué.
-¿Y usted Aliro está alojando con sus amigos?
-Así es. Estamos hospedados en el General. Hemos escuchado que nos quieren desalojar por no pago. Pero no vayan a pensar ni por un segundo que somos embaucadores.
-La culpa recae en nuestros nietos. Nosotros somos unos caballeros.
-¡Son unos calaveras! Ju ju ju ya lo sospechábamos.
¡Al taxista le dio un susto! En dos minutos llegó al camposanto, donde las damas se apearon, como se dice.
-Adiós chiquillos y gracias por tan hermosa velada.
-¿No quieren bajar a servirse un trago?
-¿Qué tienen?
-Gloriado.
-Mejor que no. Ya va a cantar el gallo.
-Adiós entonces, chiquillas. ¿Nos vemos mañana?
-A las doce clavadas en la estatua de Abadón. Y de ahí nos pueden sacar a pasear. Tantas ganas que tenemos de ir al cerro.
-¿Al Santa Lucía?
-Ese mesmito.
-Tan pecador de noche, tan inocente de día...
Y así se cerró una noche más en la vida de nuestros personajes.
-¿A nosotras nos habla?
-S-sí.
-¡Cómo tan entrador caballero! Convengo que tal vez le pueda dar la impresión de que somos calaveras pero somos damas. Uf. Lo último que faltaba.
-Y una dama no acepta propuestas indecorosas de extraños... por muy bien parecidos que sean.
(Susurros en la mesa de los donjuanes).
-Ajá. ¿Oíste, Gabriel?
(Van subiendo las voces).
-No le veo el lado malintencionado a nuestra inocente propuesta, lindura...
-Con todo respeto: somos cuatro viriles corazones solitarios que ansían un consuelo en esta atormentada vida...
(Susurros en la otra mesa).
-No hagan caso chiquillas.
-Puros cantos de sirenos.
-Barretas mogosas.
-Dudan de nosotros, Gabriel.
-Con cuánta razón, Sebastián. No es de nobles señores hacer lo que hacemos.
-Interferir en la íntima privacidad de cuatro damas...
-... que a toda vista se advierte que solo buscan pasar un momento agradable escuchando tangos y boleros.
-Y que por ningún motivo se rebajarían a aliviar el alma y por qué no decir el cuerpo de cuatro románticos perdidos.
(Susurros de las calaveras).
-¿No le estarán poniendo mucho niña?
-Se hacen las víctimas.
-Hasta me dan ganas de llorar. Qué no daría por tener ojos.
(Suben la voz).
-Caballeros la verdad es que vinimos al Chez Henry porque nos dijeron que aquí se baila el merecumbé.
-Nos dijeron también que aquí canta el tenor Danny Daneri.
-¡Qué me dices, Gabriel!
-¡Caímos parados!
-Esos gestos tan triunfales ¿se podría saber a qué se deben?
-¿Les contamos la firme, Isidoro?
-Yo creo que sí.
-Ilustres damas, me presento. Soy Gabriel Astengo, aunque se me conoce mejor por mi nombre artístico.
-¿Cuál es su nombre artístico joven?
-Danny Daneri.
-¡Usted!
-¡Tan chiquitito!
-Y tan bonito...
-Ya te enamoraste niña.
-Para servirles.
-¿No va a cantar?
-Ya canté.
-¡Ohhh!
-Pero más ratito me toca salir de nuevo.
-¡Cántenos la vereda tropical por favor!
-Será un honor...
-Ejem... ejem...
-¿El caballero se quiere presentar?
-Así es, distinguidas damas. Yo soy Sebastián Pérez-Peredo, el rey del merecumbé.
-¡Oh!
-¿Usted dirige la famosa orquesta de Pérez-Peredo?
-Yo SOY Pérez-Peredo.
(Las damas cuchichean).
-No dominamos ese ritmo tan moderno.
-¿Nos... podría enseñar... algunos pasos?
-Será un placer.
-¿Atracamos primero las mesas?
(Cuchichean las damas).
-Las puras mesas.
-Y las manitos bien arriba.
-¿Se sirven una agüita?
(Cuchichean).
-¿Aceptamos?
-¿Y si después nos pasan la cuenta?
-Ay aceptemos entonces.
-Me gusta el de bigote fino.
-A mí el de ojos verde mar.
-A mí el del paquete.
-Córtala niña.
-A mí el tímido.
-Igual que Bosnia.
-¿Y qué? Yo abro la boca cuando es súper necesario pa que sepí.
-Déjense de pelear miren que ya estamos distribuidas. Respóndeles tú niña.
-Como se habrán fijado caballeros una invitación de ese calibre no es llegar y aceptarla. Pero tras arduo debate y considerando que mientras no demuestren lo contrario ustedes nos han parecido cuatro señores harto decentes... hemos decidido darles el sí. ¿Mozo?
-¿Dama?
-Un bife a lo pobre por favor.
-A la orden.
-A mí me provoca la langosta con camarones. ¿Hay?
-¡Claro que hay, señora linda!
-A mí de entrada patas de elefante y de fondo me tinca el avestruz con puré de manzana.
-A mí el filete a la mestregnon cuisí-cuisí. Y le pone dos huevitos fritos arriba si tiene la bondad.
(Cuchichean ellos).
-Chuta, Isidoro, ¿tenís efectivo? Las cabras andan hambreás.
-No, pero lo anotamos en la libreta.
-Me sopló el mozo que estaba llena y que antes de abrir otra hay que liquidar.
-Dile al Gabriel que haga el show por la comida.
-Chita, cabréense con la tonterita. A un tenor profesional no se lo trata de esa forma. ¡Yo, que conocí a Caruso! y terminar así.
-No nos veamos la suerte entre gitanos, Gabriel. Subiste del fogón a pedirle un autógrafo cuando cantó en el casino del vapor.
-Ya pos cabros, pónganse alguna vez ustedes.
-Lo anotamos en la libreta a nombre de todos.
-Bueno.
-Si acepta el dueño.
-¡Cómo no va a aceptar!, cuando le sabemos el manso renuncio.
-¿Esa vez que lo pillaste todo colorado con la Sandy en las rodillas?
-No pos, Aliro, acuérdate del mozo que le entregó la bolsa con la diosa blanca. Tú ibas entrando.
-Ah, ya, pero eso no es tan secreto. ¿Me vái a decir que los tiras de la otra mesa no saben?
-Un renuncio es un renuncio. Se trata de guardar las apariencias, Aliro. ¡Eres demasiado romántico! Vives pensando qué irá a decir la Gloria. Apollerado.
-¿Y a pito de qué me sacas eso, Sebastián, si tú andái por las mismas con la Eliana?
-En mi casa mando yo.
-La Glorita dice lo mismo.
-Muchachos, a lo nuestro.
(Música).
-¡Vooooy... por la vereda tropical!
-Ay niña salió a cantar Danny Daneri y yo con la boca llena.
-Qué lindo que se ve.
-Tan chiquitito.
-Parece otra persona.
-Con ese rulito que se hizo en la frente.
-Déjamelo a mí niña tan tierno que es.
-Y esa voz... si te contara lo que me pasa...
-Mejor que Leo Marini.
(Susurros).
-¿Hablaste con el mozo, Isidoro?
-Todo arreglado. A fin de mes pagamos.
-Sírvanse, damas. ¿Qué les parece Danny?
-¡Regio!
-Voz meliflua.
-Me pone los pelos de punta.
-¿Qué pelos niña que no te depilaste?
-Discúlpela caballero esta es virgen.
-Ay, hombre.
-... Y me juró quererme más y más, y no olvidar jamás, aquella noche junto al mar...
(Suspiros).
-Ohhh...
-Ahhh...
-Ac.
(Se acerca el mozo y le habla al oído a Sebastián).
-¿Cuatro liniecitas?
-Pero hombre, cómo se te ocurre. Esto no es vicio; es amor...
-A la orden, ¿se sirven algo más, damas?
-¿Qué hay de postre?
-Flan casero, mote con huesillos, panqueque con helado de frutilla y torta de milhojas.
-Ay yo quiero de todo.
-Contente niña ¡prívate de algo alguna vez!
-¡Me da una vergüenza salir contigo!
-Discúlpela caballero que tiene la lombriz solitaria.
-... Tú la dejaste ir, vereda tropical; hazla volver a mí. Quiero besar su boca otra vez junto al mar... vereda tropicaaal!
-¿En qué quedamos con el postre?
-Que no se note pobreza. Mozo, ¡eche a correr el pedido!
-A la orden.
(Gabriel vuelve a la mesa).
-¿Cómo canté?
-¡Divino, Danny! ¿Lo puedo llamar Gabriel?
-Como gustes, preciosura (se vuelve hacia los amigos). ¿Quedó algo pal manye?
(Se van haciendo las parejas).
-¿Y usted Isidoro de dónde es?
-De Rancagua.
-¿Y a qué se dedica?
-Soy distribuidor.
-Ah qué interesante ¿y qué distribuye?
-Los diarios, a todos los quioscos de Rancagua. Me levanto a las cuatro de la mañana a recibir los periódicos en la estación de ferrocarriles, los llevo a mi local en mi vehículo...
-¡Tiene vehículo!
-Algo sencillo, una Ford F-1. Para mis asuntos privados uso una motoneta Vespa.
-¡Tiene una Vespa!
-Bueno, ¿me deja hablar?
-Huy que fuerte.
-Le decía que como a las cinco de la mañana empiezan a llegar los canillitas a buscar los diarios para llevárselos a los quioscos. El último día hábil de cada mes lo dedico entero a contar plata. En el barrio me dicen el Pachá porque firmo cheques. Pero hábleme de usted.
-Si supiera Isidoro mi vida es tan vacía mejor ni le cuento dejémosla en el misterio...
(Otra pareja).
-¿Y cuál es su gracia?
-Aliro.
-¿Aliro cuánto?
-Aliro penca de gorilo.
-¿Cómo dice?
-Dejémoslo en Aliro.
-¿Es de los Aliros de Talca?
-No, de los Aliros de La Unión.
-Escuché que uno de sus amigos lo trató de apollerado.
-Lo dicen de envidia, porque soy un caballero. De los de antes.
-Me gustan los caballeros y usted parece uno de ellos se nota de lejos.
-Visto de terno y corbata y el sombrero lo saqué a crédito en Donde golpea el monito.
-Un caballero a carta cabal.
-Cuando veo que una dama hace parar un coche victoria corro a abrirle la puerta. Un día le puse mi paletó en el suelo para que no se ensuciara.
-¿El paletó?
-No, los pies de la dama.
-¡Qué romántico!
-Después me lo puse con una bosta de caballo en la espalda, pero me aguanté.
-¿Y a qué se dedica?
-Estoy en el banco.
-No me diga que me saqué la Polla con un banquero.
-Algo así. Soy bancario.
-¿Eso es más... o menos?
-Para serle sincero, es mucho mejor que ser el dueño del banco.
-¿Ah sí?
-¿No le digo? No tengo que pagar gratificación ni bonos de vacaciones. No tengo que preocuparme del Dow Jones ni de las carteras vencidas. Las platas hay que vigilarlas, sí, pero otros ordeñan la leche. Tampoco me toca hacer los baúles para el viaje a París.
-¿Ha ido a París? ¿Conoció a Jim Morrison?
-Ir a París es de futres. El patrón y la patrona se van todos los inviernos. A la vuelta el patrón llora miserias; dice que la patrona se gastó un dineral y me pide que lo acompañe a tomarse una malta con huevo. Yo lo consuelo. Me tiene cariño. Por eso siempre voto por él.
(Otra pareja).
-¿Y dónde aprendiste a cantar así Gabriel? ¿Te puedo tutear?
-Tutéame nomás, lindura.
-¡De repente sacaste una voz! Casi se quebraron las copas.
-De chiquitito me gustó cantar. En la escuela cantaba Granada y Noche de ronda y los profesores quedaban plop. Después con el Sebastián nos metimos al rubro del transporte público y compramos cuatro liebres, dos para cada uno, pero mi pasión es el canto.
-¿Verdad que cantaste con Caruso? Algo así oí decir.
-Te mentiría si dijera que es verdad completa. Viajamos juntos en un gran vapor y nos hicimos bastante amigos, no lo voy a negar.
-¿Te preguntó de Chile?
-Claro que sí.
-¿Y qué le dijiste?
-Le hablé de las empanadas, del vino tinto, las cuecas, el Patito chiquito y los terremotos. Lo dejé con la boca abierta. Cuando le conté del viaducto del Malleco, el bachicha no lo podía creer.
-Tienes mundo. Se nota. ¿Y dan las liebres?
-Sirven para alimentar a los críos, perdón se me salió, no vayas a tomarlo por cierto. La verdad es que estoy separado hace años. Mi mujer no me comprende... Sufro esta soledad como no te imaginas... Cada noche es un calvario...
-¿Pero dan las liebres?
-Dan para llegar a fin de mes. Es que los choferes son ladronazos. Pero ya que estamos en confianza, ¿te puedo hacer una pregunta?
-¿Qué quieres saber Gabriel?
-Si no es indiscreción, me he fijado que ninguna de ustedes usa comas.
-Huy qué horror lo descubriste que observador que eres.
-Ahora que nos estamos conociendo, ¿sería mucha frescura querer saber la razón?
-No te la vamos a revelar aunque nos metas en un río de pirañas.
-¿Ni un pichintún? Soy muy curioso te voy a confesar. Ju ju ju se me está pegando.
-La verdad Gabriel es que te metiste en el meollo del asunto entre nosotras cuatro. Pusiste el dedo en la llaga como se dice. Hay traumas que no conviene sacar a flote. Bueno tampoco es para ponerle tanto pero le da caché a la conversa ¿entendís o no?
-Conozco un doctor que atiende casos como el de ustedes. ¡Es una maravilla! La otra vez entró a la consulta una mudita y salió hablando francés. Y atiende por Fonasa te diré. El doctor, no la mudita. Te puedo dar su número de fax. El del doctor, porque la mudita no tiene fax y tampoco tenía teléfono, pero el doctor me contó que ahora puso uno para llamar a Francia.
-¿A quién?
-Parece que la muda quería llamar a Sachá Distel. Si quieres te doy su teléfono, pero no sé si hablará castellano.
-Voy a estudiar tu ofrecimiento.
(Locutor).
-¡Con ustedes... Sebastián Pérez-Peredo y la sonora Matucana!
(Música).
-¡Uuuuuuuu! ...¡Maaam-bo!
-Huy Gabriel se me va solo el esqueleto a la pista ¿no vienes?
-Prefiero los lentos, pero te confieso que los mambos del Sebastián son capaces de levantar muertos.
-¡Azúcar!
Y así fue que se armó la fiesta. Cada calavera con su pareja, menos la que se decía virgen, que se quedó mirando, mientras Pérez-Peredo dirigía la orquesta con un chihuahua en brazos.
-Cáchate el pasito que inventé.
-Lúcete, Isidoro.
-¡Estás causando sensación!
-Lúcete por los tres.
-Y eso que ando con un lumbago en la espalda de atrás.
-Hace rato que a mí como que me quiere dar un ataque de ciática.
-Yo ando fallo al talón de Aquiles.
-Hazte ver, Aliro, hazte ver.
-Y mientras tanto las cabras parecen una perinola.
-¿Aquiles no es el de la espada?
-No pos, Gabriel, ese es Pericles.
Luego le tocó el turno a su amiga; eso fue cuando Danny Daneri hizo su última salida de la noche. Entonces Sebastián sacó a la virgen y apretaditos bailaron El reloj. Isidoro le mentía chic to chic a su pareja y Aliro danzaba alejado, a disgusto de la calavera que en suerte le tocó.
-Debo confesarle que soy tímido. Mi mamá me dejó salir a mi primera fiesta a los treinta años y me fue a buscar. Ahora me escapé de la Glorita, pero siento un complejo de culpa.
Palabras que desataron el furor de su compañía, que estuvo a punto de lanzarlo todo a la chuña, pero como calavera con oficio nunca muere, recapacitó y decidió encauzar las aguas: con hombres así hay que hacer de tripas corazón.
-Si ahora bailas conmigo ¿para qué pensar en tu Glorita?
-Es que...
-Calla Aliro que la noche es breve y el corazón languidece. Si el destino nos ha unido no quieras separarlo con sensiblería barata.
Detén el tiempo en tus maaanos, haz esta noche perpetua... para que nunca se vaya de mí... para que nunca amanezca...
-Qué lindo que canta tu amigo. Atrácate un poco más Aliro que desfallezco de pasión.
-Si me atraco más me puedo ir cortina.
-¡Ay Aliro hazte hombre alguna vez!
-Glup.
Antes de que el gallo cantara las parejas salieron al Portal Fernández Concha e hicieron parar un coche.
-¡Coche!
El cochero se detuvo.
-Dónde putas van los señores.
-Siga de largo, las orejas de las damas han sido mancilladas por vuestras palabras.
-¡Así se habla, Gabriel!
-Acertó pasar un taxi.
-¡Taxi!
-El taxista se detuvo.
-¿Dónde los llevo?
-Valdivieso con Avenida La Paz, por favor.
-Pero ahí están los cementerios...
-¿Y qué? ¿Acaso Pericles no podía usar espada?
Las parejas fueron abordando el vehículo y el taxista las detuvo.
-¿Cuántos piensan subir? Esto no es el concurso de Don Francisco.
-Apretaditos cabemos de lo más bien.
-Bueno.
-Y así lo hicieron. Dos adelante y seis atrás.
-Deje a las damas en el Cementerio Católico, si tiene la bondad.
-Fíjate niña caballeros hasta el final.
-Primera cita sin probar bocado.
-Ni un besito saqué.
-¿Y usted Aliro está alojando con sus amigos?
-Así es. Estamos hospedados en el General. Hemos escuchado que nos quieren desalojar por no pago. Pero no vayan a pensar ni por un segundo que somos embaucadores.
-La culpa recae en nuestros nietos. Nosotros somos unos caballeros.
-¡Son unos calaveras! Ju ju ju ya lo sospechábamos.
¡Al taxista le dio un susto! En dos minutos llegó al camposanto, donde las damas se apearon, como se dice.
-Adiós chiquillos y gracias por tan hermosa velada.
-¿No quieren bajar a servirse un trago?
-¿Qué tienen?
-Gloriado.
-Mejor que no. Ya va a cantar el gallo.
-Adiós entonces, chiquillas. ¿Nos vemos mañana?
-A las doce clavadas en la estatua de Abadón. Y de ahí nos pueden sacar a pasear. Tantas ganas que tenemos de ir al cerro.
-¿Al Santa Lucía?
-Ese mesmito.
-Tan pecador de noche, tan inocente de día...
Y así se cerró una noche más en la vida de nuestros personajes.
jueves, 17 de diciembre de 2015
¡Al Chez Henry!
¡Estoy requete atrasada!
No es una sino cuatro voces las que repiten la misma frase, sin ponerse de acuerdo. Dan las 12 campanadas los relojes de las iglesias cercanas cuando nuestras cuatro maliciosas calaveras se levantan de sus tumbas. Han convenido reunirse una vez más a la hora susodicha bajo la estatua de Abadón, pero a la campanada duodécima todavía se maquillan en sus criptas, claro que a la velocidad del rayo, de modo que es de imaginarse cómo les habrán quedado los ojos hueros con el rimmel. Han dejado la pintura de labios para el final. Son maestras del disimulo, pero a más de una se le pasa la mano y llega a la cita con el rouge hasta los dientes.
-¡Qué te hiciste en la calavera niña por Dios!
-Es que tengo los labios tan finos.
-Te pintaste hasta los dientes. ¿No usas espejito? Yo te presto el mío.
-El que me prestaste ayer estaba malo. No me vi la cara.
-A mí tampoco me sirve. Por eso yo me pinto de memoria.
-¿Tienes hora?
-Un cuarto para la una.
-¡Huy se está haciendo tarde! ¿Y las demás?
-Me mandaron un whatsapp. Dicen que ya vienen.
-¿Cuánto pagas al mes por el teléfono?
-Tengo un plan de 30 mil.
-¿En Movistar?
-Cómo se te ocurre niña. Me cambié a Claro.
-Yo tengo Wom. ¿Claro es la de Don Francisco?
-La de Don Francisco.
-Dicen que tiene la herramienta bien larga.
-¿Que la viste?
-Salió en el "Clinic". ¿Que tú no se la viste?
-Sí se la vi pero de reojo. Hice como que no la vi.
-¿Será verdad lo que dicen?
-¿Lo del hijo? Es igualito.
-No tonta. Lo de la Gotita.
-Dicen que cuando estaban en lo mejor salió de una cortina el chacal de la trompeta.
-Dicen que el chacal de la trompeta es voyerista. Se esconde detrás de las cortinas para sapear.
-A mí me contaron que tiene la media corneta.
-¿Quién te contó? Dime.
-No me acuerdo. ¿No fuiste tú misma?
-No. Yo lo que dije es que la toca bien desafinada.
-¿Cómo lo supiste? Te pillé.
-Es cosa de escucharla mal pensada.
-Ay niña todavía no empieza la noche y ya estamos métale y métale.
-Me tinca que hoy será nuestra gran noche.
-¡Huy!
-Oye...
-¿Qué?
-¿Qué plan tienes tú?
-Te dije que tengo un plan de Wom, pero no me está gustando. Ayer me ofrecieron otro más barato y con más minutos. Llegaron a la misma tumba con el contrato. Tuvieron que bajar cuatro escalones y yo tengo que haber salido a abrir ¡con una cara!, porque la niña abrió así unos ojos.
-¿Firmaste?
-Me tembló la mano y la niña se asustó.
-¿Qué te dijo?
-Qué le pasa señora me dijo.
-¿Y qué le dijiste?
-Es que no me pinté las uñas le dije. Por eso tengo las manos tan blancas le dije. Salió corriendo.
-Oye niña...
-¿Qué?
-¿Tú creís que damos susto?
-Me tinca.
-¿No nos estará haciendo falta una estiradita?
-Lo mismo me dijo el otro día la de la tumba 28.
-¿Esa que se las daba de virgen? Creerá que somos de las chacras.
-No niña. La tonta lesa que le dicen. Estírate niña me dijo. Y con qué ropa le dije. Pedís un préstamo en la Caja Los Andes me dijo. Pero si estoy encalillada hasta las canillas le dije. Tú no sabís cuidar la plata me dijo. Búscate un califa que te pague la estirada me dijo. Claro que tenís que prometerle algo me dijo. Y después tenís que cumplir aunque sea una vez me dijo. Además que cumplir no es tan malo me dijo.
-¿Agarró un califa la tonta lesa? No sabía.
-¡Ardes de envidia niña!
-¿Yo? Dónde la viste. Ya no estoy para esos trotes.
No es una sino cuatro voces las que repiten la misma frase, sin ponerse de acuerdo. Dan las 12 campanadas los relojes de las iglesias cercanas cuando nuestras cuatro maliciosas calaveras se levantan de sus tumbas. Han convenido reunirse una vez más a la hora susodicha bajo la estatua de Abadón, pero a la campanada duodécima todavía se maquillan en sus criptas, claro que a la velocidad del rayo, de modo que es de imaginarse cómo les habrán quedado los ojos hueros con el rimmel. Han dejado la pintura de labios para el final. Son maestras del disimulo, pero a más de una se le pasa la mano y llega a la cita con el rouge hasta los dientes.
-¡Qué te hiciste en la calavera niña por Dios!
-Es que tengo los labios tan finos.
-Te pintaste hasta los dientes. ¿No usas espejito? Yo te presto el mío.
-El que me prestaste ayer estaba malo. No me vi la cara.
-A mí tampoco me sirve. Por eso yo me pinto de memoria.
-¿Tienes hora?
-Un cuarto para la una.
-¡Huy se está haciendo tarde! ¿Y las demás?
-Me mandaron un whatsapp. Dicen que ya vienen.
-¿Cuánto pagas al mes por el teléfono?
-Tengo un plan de 30 mil.
-¿En Movistar?
-Cómo se te ocurre niña. Me cambié a Claro.
-Yo tengo Wom. ¿Claro es la de Don Francisco?
-La de Don Francisco.
-Dicen que tiene la herramienta bien larga.
-¿Que la viste?
-Salió en el "Clinic". ¿Que tú no se la viste?
-Sí se la vi pero de reojo. Hice como que no la vi.
-¿Será verdad lo que dicen?
-¿Lo del hijo? Es igualito.
-No tonta. Lo de la Gotita.
-Dicen que cuando estaban en lo mejor salió de una cortina el chacal de la trompeta.
-Dicen que el chacal de la trompeta es voyerista. Se esconde detrás de las cortinas para sapear.
-A mí me contaron que tiene la media corneta.
-¿Quién te contó? Dime.
-No me acuerdo. ¿No fuiste tú misma?
-No. Yo lo que dije es que la toca bien desafinada.
-¿Cómo lo supiste? Te pillé.
-Es cosa de escucharla mal pensada.
-Ay niña todavía no empieza la noche y ya estamos métale y métale.
-Me tinca que hoy será nuestra gran noche.
-¡Huy!
-Oye...
-¿Qué?
-¿Qué plan tienes tú?
-Te dije que tengo un plan de Wom, pero no me está gustando. Ayer me ofrecieron otro más barato y con más minutos. Llegaron a la misma tumba con el contrato. Tuvieron que bajar cuatro escalones y yo tengo que haber salido a abrir ¡con una cara!, porque la niña abrió así unos ojos.
-¿Firmaste?
-Me tembló la mano y la niña se asustó.
-¿Qué te dijo?
-Qué le pasa señora me dijo.
-¿Y qué le dijiste?
-Es que no me pinté las uñas le dije. Por eso tengo las manos tan blancas le dije. Salió corriendo.
-Oye niña...
-¿Qué?
-¿Tú creís que damos susto?
-Me tinca.
-¿No nos estará haciendo falta una estiradita?
-Lo mismo me dijo el otro día la de la tumba 28.
-¿Esa que se las daba de virgen? Creerá que somos de las chacras.
-No niña. La tonta lesa que le dicen. Estírate niña me dijo. Y con qué ropa le dije. Pedís un préstamo en la Caja Los Andes me dijo. Pero si estoy encalillada hasta las canillas le dije. Tú no sabís cuidar la plata me dijo. Búscate un califa que te pague la estirada me dijo. Claro que tenís que prometerle algo me dijo. Y después tenís que cumplir aunque sea una vez me dijo. Además que cumplir no es tan malo me dijo.
-¿Agarró un califa la tonta lesa? No sabía.
-¡Ardes de envidia niña!
-¿Yo? Dónde la viste. Ya no estoy para esos trotes.
-Se te puso la calavera roja.
-Ay niña.
-Shhh, que ahí vienen.
-¡Hola chiquillas!
-Llegaron las atrasaditas de siempre. Llevamos como una hora esperándolas. Se nos han pasado dos taxis.
-Perdona linda. Es que se me fue en collera la estucada.
-A mí también.
-Andan pasadas a gladiolos. Pero se ven macanudas.
-Gracias. Tú estái cachilupi.
-¿Y yo?
-No tanto.
-¿Creen que no tengo arreglo?
-Un poquito.
-Me voy a deprimir. Siempre salen con la misma. Mejor me entro.
-No te pongái sentimental niña. ¡Si estái preciosa! ju ju ju sobre todo con ese tocado que te hiciste.
-Lo saqué de la revista Ecran.
-¿Del Ecran? ¿Todavía sale?
-Parece. Lo compré en San Diego.
-¡Huy que hace tiempo que no oía del Ecran!
-No te vayas a sentir pero como que estás pasadita de moda niña.
-¿No ven? Me entro no más.
-Allá tú... ¡Taxi! ¡Taxi!
-¡Espérenme chiquillas!
-Ven tonta sube.
-¿Le creíste que se iba a quedar sola? ¡Esta es más miedosa!
-La otra noche no quería entrar a su cuarto porque dijo que le iba a salir el cuco.
-Tiene que haberse llevado pa callado al de los soquetes rojos.
-No. Ese me lo serví yo.
-Shhh que entra.
(El taxista).
-¿Dónde las llevo, linduras?
-Al Chez Henry por favor.
-¿Chez Henry? ¿Dónde queda eso?
-¿Que no sabe? En la Plaza de Armas. ¿Usted de dónde es? ¿Nunca oyó hablar de Lorenzo D'Acosta? ¿Nunca oyó hablar de la Voz de oro del Mississippi? ¿Nunca oyó hablar del Cantor de los cien barrios porteños? ¿Nunca oyó hablar de Carlos Arci?
-¿Y de Lorenzo Valderrama?
-¿Y de Luis Alberto Martínez?
-¿Y de Danny Daneri?
-¿Y de Ramón Aguilera?
-Como que me suenan...
-¿El Pollo Fuentes?
-A él sí lo ubico.
-¿Rosamel Araya?
-¿Julio Jaramillo?
-¿Alci Acosta?
-¿Peter Rock?
-El finado ese murió hace poquito. Le decían el Dinosaurio del rocanrol. Oigan chiquillas, ¿de qué edificio salieron?
-Del Cementerio Católico... ¡Uuuuuuuaaaaaaaaa!
-¡Mamacita!
-Espere joven no se vaya que no sabemos manejar.
(De lejos).
-Les regalo el taxi...
-Sea buenito...
-Nos dejó botadas.
-Ya no quedan hombres en este mundo.
-Bruto.
-Tú siempre con tus tallas niña. Ahora nos llevái como sea. Mira que la segunda salida tiene que haber empezado hace rato.
-¿Creen que no sé manejar? Vamos pero sin asustarse.
(Parten).
-¡Más cuidado tonta que nos podemos matar!
-¡Frena!
-Ya. Si no les va a pasar nada. Cierren los ojos. ¿Les conté que el otro día vi al Juan Peralta?
-¿Al Juan Peralta? ¿Dónde lo viste chiquilla?
-En Avenida España con la Alameda. Iba saliendo de la Casa García de lo más prisco.
-¿Iba con la camisa celeste y el pañuelo cafiolo? ¿Ese pañuelo verde con lunares?
-El mismo.
-Tan churro el Juan Peralta.
-Y tan caballero.
-Ese sí que sabe tratar a una dama.
-Las tiene todas.
-Ya chiquillas. Llegamos. Bájense.
(En el Chez Henry suenan los compases de Lorenzo D'Acosta. Un mozo las atiende).
-¿Una mesa para las damas?
-Una mesa para cuatro por favor. ¿De dónde viene usted? ¿De Colombia?
-De Venezuela, dama.
-El país de Chávez y Maduro...
-¡Con Maduro ni a misa! ¡Ni me lo nombre, por favor!
-Huy qué fuerte. Oiga jovencito olvídese de la política y hágame un servicio...
-Dígame, dama.
-Ubíquenos cerca de esa mesa de ahí.
-¿La de los caballeros?
-Shhh más calladito.
-Cómo no.
(Hablan los caballeros).
-Mira, Gabriel, llegaron cuatro chiquillas.
-¿Nos tiramos?
-Con elegancia, Sebastián, con elegancia.
-Se ven medio pasaditas.
-¿Cuál te tinca a vos?
-A mí déjame la que se parece a Gina Lollobrigida.
-Ya te curaste Aliro.
-A mí me gustó.
-Te gustó porque se parece a la Gloria, apollerado.
-Cada uno con sus gustos, como decía la vieja.
-Ok, muchachos, no se discute más.
-Manos a la obra.
-Que sea lo que Dios quiera.
-Shhh, que ahí vienen.
-¡Hola chiquillas!
-Llegaron las atrasaditas de siempre. Llevamos como una hora esperándolas. Se nos han pasado dos taxis.
-Perdona linda. Es que se me fue en collera la estucada.
-A mí también.
-Andan pasadas a gladiolos. Pero se ven macanudas.
-Gracias. Tú estái cachilupi.
-¿Y yo?
-No tanto.
-¿Creen que no tengo arreglo?
-Un poquito.
-Me voy a deprimir. Siempre salen con la misma. Mejor me entro.
-No te pongái sentimental niña. ¡Si estái preciosa! ju ju ju sobre todo con ese tocado que te hiciste.
-Lo saqué de la revista Ecran.
-¿Del Ecran? ¿Todavía sale?
-Parece. Lo compré en San Diego.
-¡Huy que hace tiempo que no oía del Ecran!
-No te vayas a sentir pero como que estás pasadita de moda niña.
-¿No ven? Me entro no más.
-Allá tú... ¡Taxi! ¡Taxi!
-¡Espérenme chiquillas!
-Ven tonta sube.
-¿Le creíste que se iba a quedar sola? ¡Esta es más miedosa!
-La otra noche no quería entrar a su cuarto porque dijo que le iba a salir el cuco.
-Tiene que haberse llevado pa callado al de los soquetes rojos.
-No. Ese me lo serví yo.
-Shhh que entra.
(El taxista).
-¿Dónde las llevo, linduras?
-Al Chez Henry por favor.
-¿Chez Henry? ¿Dónde queda eso?
-¿Que no sabe? En la Plaza de Armas. ¿Usted de dónde es? ¿Nunca oyó hablar de Lorenzo D'Acosta? ¿Nunca oyó hablar de la Voz de oro del Mississippi? ¿Nunca oyó hablar del Cantor de los cien barrios porteños? ¿Nunca oyó hablar de Carlos Arci?
-¿Y de Lorenzo Valderrama?
-¿Y de Luis Alberto Martínez?
-¿Y de Danny Daneri?
-¿Y de Ramón Aguilera?
-Como que me suenan...
-¿El Pollo Fuentes?
-A él sí lo ubico.
-¿Rosamel Araya?
-¿Julio Jaramillo?
-¿Alci Acosta?
-¿Peter Rock?
-El finado ese murió hace poquito. Le decían el Dinosaurio del rocanrol. Oigan chiquillas, ¿de qué edificio salieron?
-Del Cementerio Católico... ¡Uuuuuuuaaaaaaaaa!
-¡Mamacita!
-Espere joven no se vaya que no sabemos manejar.
(De lejos).
-Les regalo el taxi...
-Sea buenito...
-Nos dejó botadas.
-Ya no quedan hombres en este mundo.
-Bruto.
-Tú siempre con tus tallas niña. Ahora nos llevái como sea. Mira que la segunda salida tiene que haber empezado hace rato.
-¿Creen que no sé manejar? Vamos pero sin asustarse.
(Parten).
-¡Más cuidado tonta que nos podemos matar!
-¡Frena!
-Ya. Si no les va a pasar nada. Cierren los ojos. ¿Les conté que el otro día vi al Juan Peralta?
-¿Al Juan Peralta? ¿Dónde lo viste chiquilla?
-En Avenida España con la Alameda. Iba saliendo de la Casa García de lo más prisco.
-¿Iba con la camisa celeste y el pañuelo cafiolo? ¿Ese pañuelo verde con lunares?
-El mismo.
-Tan churro el Juan Peralta.
-Y tan caballero.
-Ese sí que sabe tratar a una dama.
-Las tiene todas.
-Ya chiquillas. Llegamos. Bájense.
(En el Chez Henry suenan los compases de Lorenzo D'Acosta. Un mozo las atiende).
-¿Una mesa para las damas?
-Una mesa para cuatro por favor. ¿De dónde viene usted? ¿De Colombia?
-De Venezuela, dama.
-El país de Chávez y Maduro...
-¡Con Maduro ni a misa! ¡Ni me lo nombre, por favor!
-Huy qué fuerte. Oiga jovencito olvídese de la política y hágame un servicio...
-Dígame, dama.
-Ubíquenos cerca de esa mesa de ahí.
-¿La de los caballeros?
-Shhh más calladito.
-Cómo no.
(Hablan los caballeros).
-Mira, Gabriel, llegaron cuatro chiquillas.
-¿Nos tiramos?
-Con elegancia, Sebastián, con elegancia.
-Se ven medio pasaditas.
-¿Cuál te tinca a vos?
-A mí déjame la que se parece a Gina Lollobrigida.
-Ya te curaste Aliro.
-A mí me gustó.
-Te gustó porque se parece a la Gloria, apollerado.
-Cada uno con sus gustos, como decía la vieja.
-Ok, muchachos, no se discute más.
-Manos a la obra.
-Que sea lo que Dios quiera.
Dramático encuentro de cuatro calaveras donde se habla del tiempo y otras bagatelas
Bajo la estatua de Abadón que se halla a un costado del Cementerio Católico se han dado cita cuatro calaveras con sus largos esqueletos. Una llega primero porque no puede llegar segunda y mientras espera a las demás se pone a tejer un chaleco. Dos aparecen juntas y cuando las tres ya se van, cansadas de esperar a la cuarta, ésta aparece corriendo. Y así se arma el cuarteto.
-¡Ay niñas supieran lo que me costó llegar!
-Cuéntate otra.
Hacen parar un taxi; suben las cuatro, el chofer repara en ellas.
-Tan flacas que están las damas.
-Así se usa ahora y viera lo que nos cuesta -ríen picaronas, porque el bigote del chofer es grandote y abultado.
-Yo las prefiero rellenitas.
-¡Qué sabe usted de calaveras! -protestan al unísono y las del asiento trasero se codean, en tanto que la ubicada en el asiento del copiloto gira la cabeza en 180 grados para reír con las demás, lo que le arranca un suspiro de horror al taxista bigotudo.
-Virgencita linda, bájense por favor.
-¿Llegamos?
-Sí.
Ya están las cuatro en el café de moda. Los garzones saltan como pulgas antes de sumergirse en el pelamen del perro, pero el más valiente las conduce a un discreto salón reservado, donde les toma el pedido, que consiste en tres cortados, un café con leche, cuatro sodas, dos pasteles de manjar con crema chantilly, un trozo de kuchen de manzana y una porción de torta de mil hojas.
-¿Azúcar o endulzante?
-¡¡¡¡Endulzante!!!!
Apenas las dejan solas se largan a conversar.
-Qué te paso niña que llegaste tan tarde. Ya nos íbamos.
-Figúrate que venía por la avenida Los tilos cerca de donde reposa Balzac cuando de un panteón me salió Jim Morrison y me cortó el paso...
-Dónde la viste. Habrá sido Oscar Wilde. Jim Morrison no se fijaría en ti.
-¡Te juro que era Jim Morrison!
-Si tú lo dices pero...
-¿Por qué no se fijaría en mí?
-Ay linda pechocha tú sabes lo que te aprecio pero... cómo te lo explico... estás... pasadita... y te falta ese aire de femme fatale...
-¡ERA Jim Morrison! Y para que sepas me invitó a salir. Mañana nos vamos a juntar a las 12 en punto.
-¿Del día o de la noche?
-No estoy para bromas.
-Esta ni sabe que Jim Morrison descansa en paz en Francia.
-Habrá sido entonces Peter Rock. Pero era uno igualito a Jim Morrison.
-¿Qué tejes niña?
-Un chaleco para mi nieto.
-¿En qué punto lo tomas?
-En el punto aparte pero el cuello y las mangas son de punto seguido.
-¿No usas el punto y coma?
-¡Ni por nada! Les tengo horror a las comas.
-Ay niña yo también qué casualidad.
-Bonito el color de tu chomba pero no me gusta.
-Ay tú siempre tan criticona.
-Te digo la verdad niña. Tú sabes que con mis amigas soy franca.
-Francota.
-¿Vieron a los cuatro de la mesa del rincón?
-Sí tonta ya me fijé.
-¡Nos comen con el hueco de los ojos!
-No les hagas caso. ¡Son unos calaveras!
-¡Esqueletos gigolós!
-Los cafés están llenos de tipejos de esa laya.
-Nos habrán tomado por veteranas necesitadas.
-Veteranas a mucha honra.
-Necesitadas sí podría ser por qué no.
-¡¡¡¡Pero nunca lo vamos a decir a los cuatro vientos!!!!
-Pero fíjate que los peoresnada tienen su encanto. Mira cómo toma el cigarro el de zapatos blancos. ¿No es un bombón?
-A mí déjame el de los huesos gordos. El que se parte al medio. Se parece a ese de la tele que jugaba rugby.
-Tienes toda la razón.
-Necesito un mejoral.
-¿Que te duele la cabeza?
-No niña por Dios. Con este frío me duelen los huesos.
-A mí también fijaté.
-¿Notan que ahora está haciendo más frío que antes?
-Antes llovía más.
-¡El otro día hizo una calor!
-La calor dicen los huasos.
-Huasa no soy. Hizo calor y en pleno invierno. Desmiéntanme.
-Cómo cambia el tiempo.
-Se ha puesto tan raro.
-Será por el calentamiento global.
-Si sigue así qué irá a ser del planeta.
-¿Y qué te importa a vos si ya estái al otro lado?
-¿Y por ser calavera no tengo derecho a opinar?
-Claro que no tonta.
-¿Y entonces a quién le echo la culpa del dolor de huesos?
-A la edad pos niña. A la edad.
-Échate una friega con el carné.
-Ustedes no lo hacen nada de mal.
-Mmm... nosotras somos bonitas y sexys.
-Gracias al doctor Vidal. ¡Las vi entrando a estirarse los huesos!
-¿Nos viste?
-¡Las vi! Y por si fuera poco las volví a ver.
-¿Nos volviste a ver?
-¡Sí! Entraron a ponerse silicona en el esternón y un relleno en la fosa ilíaca. Me lo contó la secretaria.
-¿Y qué? Ahora estamos bonitas. Mira cómo esos dos nos comen con las órbitas.
-¿Cuánto les salió?
-Cien mil. En tres cuotas.
-Está bien rico el café.
-El mío me salió tibión.
-Pídele al mozo que te lo cambie.
-No me atrevo a molestar.
-A vos no se te pasa lo tímida ni cuando estái finada. Yo le pido.
-Ay niña no me avergüences.
-Qué te voy a avergonzar. ¡Mozo cámbiele el café por favor! Le salió frío.
-Cómo no.
-¿Viste que era fácil?
-Sí.
-¿Te fijaste cómo nos siguen mirando?
-Sí.
-Hagámonos las tontas.
-¿Y si nos invitan a sentarnos con ellos?
-La noche es larga.
-¿Andái con pastillas?
-No las traje.
-Yo te presto.
-Me da miedo.
-Di que no hasta el final. Al final decís que sí.
-Me da miedo. Es que ... soy virgen.
-¡¡¡Virgen!!! Nunca nos habías contado.
-Es que me daba vergüenza. Ustedes que tuvieron tantos hombres y yo...
-¿Nunca le viste el ojo a la papa? ¡No te creo!
-Verdad.
-¿Ni un poquito?
-No.
-¿Ni la puntita?
-Nada.
-Ahora ya es un poco tarde niña. Pero si te atreves...
-¡Me da un terror!
-¿Cuál te gustó de los cuatro?
-El... de soquetes rojos.
-Ese tiene el medio paquete. No te conviene.
-¿De qué hablan? No entiendo.
-Para empezar quédate con el del reloj de oro. El de los soquetes rojos déjamelo mejor a mí.
-Chí. La tontita le dicen.
Y así se desarrolló la velada, que duró hasta que las velas dejaron de arder. Los ocho remataron en un hotel de mala muerte y no bien cantó el gallo por vez primera las amigas calaveras saltaron de sus camas con los esqueletos bien descaderados, se vistieron a la rápida, tres de ellas socorrieron a la amiga virgen y las cuatro volvieron apuraditas al cementerio cantando lirín-lirán. No se alcanzaron ni a lavar los dientes, menos aún las partes pudendas, que dejaron para la noche siguiente. Durante el día ¡salió un olor de sus nichos! Sin ir más lejos, todas las flores ubicadas en un generoso perímetro se marchitaron. La administración del recinto ordenó rociar el sector circundante con aerosol de pino silvestre, pero como los encargados se negaron siquiera a acercarse fueron despedidos ipso facto.
-¡Ay niñas supieran lo que me costó llegar!
-Cuéntate otra.
Hacen parar un taxi; suben las cuatro, el chofer repara en ellas.
-Tan flacas que están las damas.
-Así se usa ahora y viera lo que nos cuesta -ríen picaronas, porque el bigote del chofer es grandote y abultado.
-Yo las prefiero rellenitas.
-¡Qué sabe usted de calaveras! -protestan al unísono y las del asiento trasero se codean, en tanto que la ubicada en el asiento del copiloto gira la cabeza en 180 grados para reír con las demás, lo que le arranca un suspiro de horror al taxista bigotudo.
-Virgencita linda, bájense por favor.
-¿Llegamos?
-Sí.
Ya están las cuatro en el café de moda. Los garzones saltan como pulgas antes de sumergirse en el pelamen del perro, pero el más valiente las conduce a un discreto salón reservado, donde les toma el pedido, que consiste en tres cortados, un café con leche, cuatro sodas, dos pasteles de manjar con crema chantilly, un trozo de kuchen de manzana y una porción de torta de mil hojas.
-¿Azúcar o endulzante?
-¡¡¡¡Endulzante!!!!
Apenas las dejan solas se largan a conversar.
-Qué te paso niña que llegaste tan tarde. Ya nos íbamos.
-Figúrate que venía por la avenida Los tilos cerca de donde reposa Balzac cuando de un panteón me salió Jim Morrison y me cortó el paso...
-Dónde la viste. Habrá sido Oscar Wilde. Jim Morrison no se fijaría en ti.
-¡Te juro que era Jim Morrison!
-Si tú lo dices pero...
-¿Por qué no se fijaría en mí?
-Ay linda pechocha tú sabes lo que te aprecio pero... cómo te lo explico... estás... pasadita... y te falta ese aire de femme fatale...
-¡ERA Jim Morrison! Y para que sepas me invitó a salir. Mañana nos vamos a juntar a las 12 en punto.
-¿Del día o de la noche?
-No estoy para bromas.
-Esta ni sabe que Jim Morrison descansa en paz en Francia.
-Habrá sido entonces Peter Rock. Pero era uno igualito a Jim Morrison.
-¿Qué tejes niña?
-Un chaleco para mi nieto.
-¿En qué punto lo tomas?
-En el punto aparte pero el cuello y las mangas son de punto seguido.
-¿No usas el punto y coma?
-¡Ni por nada! Les tengo horror a las comas.
-Ay niña yo también qué casualidad.
-Bonito el color de tu chomba pero no me gusta.
-Ay tú siempre tan criticona.
-Te digo la verdad niña. Tú sabes que con mis amigas soy franca.
-Francota.
-¿Vieron a los cuatro de la mesa del rincón?
-Sí tonta ya me fijé.
-¡Nos comen con el hueco de los ojos!
-No les hagas caso. ¡Son unos calaveras!
-¡Esqueletos gigolós!
-Los cafés están llenos de tipejos de esa laya.
-Nos habrán tomado por veteranas necesitadas.
-Veteranas a mucha honra.
-Necesitadas sí podría ser por qué no.
-¡¡¡¡Pero nunca lo vamos a decir a los cuatro vientos!!!!
-Pero fíjate que los peoresnada tienen su encanto. Mira cómo toma el cigarro el de zapatos blancos. ¿No es un bombón?
-A mí déjame el de los huesos gordos. El que se parte al medio. Se parece a ese de la tele que jugaba rugby.
-Tienes toda la razón.
-Necesito un mejoral.
-¿Que te duele la cabeza?
-No niña por Dios. Con este frío me duelen los huesos.
-A mí también fijaté.
-¿Notan que ahora está haciendo más frío que antes?
-Antes llovía más.
-¡El otro día hizo una calor!
-La calor dicen los huasos.
-Huasa no soy. Hizo calor y en pleno invierno. Desmiéntanme.
-Cómo cambia el tiempo.
-Se ha puesto tan raro.
-Será por el calentamiento global.
-Si sigue así qué irá a ser del planeta.
-¿Y qué te importa a vos si ya estái al otro lado?
-¿Y por ser calavera no tengo derecho a opinar?
-Claro que no tonta.
-¿Y entonces a quién le echo la culpa del dolor de huesos?
-A la edad pos niña. A la edad.
-Échate una friega con el carné.
-Ustedes no lo hacen nada de mal.
-Mmm... nosotras somos bonitas y sexys.
-Gracias al doctor Vidal. ¡Las vi entrando a estirarse los huesos!
-¿Nos viste?
-¡Las vi! Y por si fuera poco las volví a ver.
-¿Nos volviste a ver?
-¡Sí! Entraron a ponerse silicona en el esternón y un relleno en la fosa ilíaca. Me lo contó la secretaria.
-¿Y qué? Ahora estamos bonitas. Mira cómo esos dos nos comen con las órbitas.
-¿Cuánto les salió?
-Cien mil. En tres cuotas.
-Está bien rico el café.
-El mío me salió tibión.
-Pídele al mozo que te lo cambie.
-No me atrevo a molestar.
-A vos no se te pasa lo tímida ni cuando estái finada. Yo le pido.
-Ay niña no me avergüences.
-Qué te voy a avergonzar. ¡Mozo cámbiele el café por favor! Le salió frío.
-Cómo no.
-¿Viste que era fácil?
-Sí.
-¿Te fijaste cómo nos siguen mirando?
-Sí.
-Hagámonos las tontas.
-¿Y si nos invitan a sentarnos con ellos?
-La noche es larga.
-¿Andái con pastillas?
-No las traje.
-Yo te presto.
-Me da miedo.
-Di que no hasta el final. Al final decís que sí.
-Me da miedo. Es que ... soy virgen.
-¡¡¡Virgen!!! Nunca nos habías contado.
-Es que me daba vergüenza. Ustedes que tuvieron tantos hombres y yo...
-¿Nunca le viste el ojo a la papa? ¡No te creo!
-Verdad.
-¿Ni un poquito?
-No.
-¿Ni la puntita?
-Nada.
-Ahora ya es un poco tarde niña. Pero si te atreves...
-¡Me da un terror!
-¿Cuál te gustó de los cuatro?
-El... de soquetes rojos.
-Ese tiene el medio paquete. No te conviene.
-¿De qué hablan? No entiendo.
-Para empezar quédate con el del reloj de oro. El de los soquetes rojos déjamelo mejor a mí.
-Chí. La tontita le dicen.
Y así se desarrolló la velada, que duró hasta que las velas dejaron de arder. Los ocho remataron en un hotel de mala muerte y no bien cantó el gallo por vez primera las amigas calaveras saltaron de sus camas con los esqueletos bien descaderados, se vistieron a la rápida, tres de ellas socorrieron a la amiga virgen y las cuatro volvieron apuraditas al cementerio cantando lirín-lirán. No se alcanzaron ni a lavar los dientes, menos aún las partes pudendas, que dejaron para la noche siguiente. Durante el día ¡salió un olor de sus nichos! Sin ir más lejos, todas las flores ubicadas en un generoso perímetro se marchitaron. La administración del recinto ordenó rociar el sector circundante con aerosol de pino silvestre, pero como los encargados se negaron siquiera a acercarse fueron despedidos ipso facto.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)