domingo, 25 de noviembre de 2018

Cita en el Santa Lucía (Op. 4 Nº 1)

Por las noches, sobre todo de verano, emergen los bichos de las alcantarillas y se adueñan de las sombras; emergen las ratas y las cucarachas, las arañas de sus nidos, los zancudos -que nacieron para sobrevolar orejas durmientes- y los sueños, pues también emergen los sueños, las ilusiones, los amores perdidos y las esperanzas, la pasión, el frenesí, las risas innobles, el goce de la vida al filo del pecado. No puede ser casualidad entonces que apenas los relojes de Santiago tocan las doce campanadas que dan término al día que se fue o saludan al que viene, momento mágico de un tiempo imposible de definir, nuestras cuatro calaveras broten de sus escondrijos subterráneos, se desempolven, apliquen una buena estucada a sus huesos, planchen sus vestidos, calcen sus zapatos de tacón y traspasen las rejas que las mantienen recluidas en el viejo cementerio por la eternidad.
-Ay que le pone este cabro que escribe de nosotras niña.
-Ya llegará. Ya llegará.
-Mansito.
-A rendir cuentas de su vida y de su estilo.
-¿Y a ti a quién te tocó rendir cuentas?
-¡A quién va a ser!
-No sé si me gusta o no me gusta el estilo de este cabro.
-Los hombres son así. Se hacen los duros y terminan llorando a  mares sobre nuestros pechos.
-Nuestro regazo suena más fino que nuestros pechos.
-Pucha a mí nunca me tocó un hombre así que llore en mi pecho fraterno.
-Suerte tienes chiquilla porque no hay mérito en lo que digo.
-Además tú eres virgen.
-O eras...
-O te haces la virgen.
-O nunca lo juiste.
-Ju ju ju.
-Juístete juístete...
-Ya empezaron no me ofendan parece que fuera un pecado ser virgen.
-En estos tiempos ya no es pecado...
-Es una ingenuidad del porte de una casa.
-La casa del pie chiquitito.
-Más bien yo diría que una grave anomalía sicopática rayana en el síndrome de Cotard.
-Ya me habían dicho algo así.
-A mí también.
-Como que te faltara litio chiquilla.
-Ya pos córtala si vamos a estar juntas que sea como los tres mosqueteros.
-¿Pico para todas como decía la monjita cuando picaba cebolla?
-¡Pico para todas menos para una!
-Ay me cansé.
-¿Cómo anocheciste?
-Malena soñé puras pesadillas.
-¿Qué soñaste?
-Soñé que el Isidoro me pisaba el metatarso de la pata izquierda cuando bailábamos en el Chez Henry y desperté coja.
-A lo mejor te revolcaste en la tumba a mí también me pasa a veces. Tengo pie inquieto.
-Huy igual que yo parece que está de moda.
-Lo que está de moda es la depre.
-A mí nunca me dio.
-A ti te dio surmenage.
-¿Y no moriste de eso?
-No tonta yo me quité la vida igual que la Dama de las Camelias.
-Nunca supe que la Dama de las Camelias se había quitado la vida.
-Pero si todo el mundo sabe que tomó veneno.
-No tonta esa fue Ofelia de Otelo.
-La que tomó veneno fue Yocasta.
-¿Bueno y de qué murió entonces la Dama de las Camelias?
-Se tiró al agua y se ahogó.
-¿Y tú de qué moriste?
-Yo morí de una bronconeumonia.
-Qué rasca.
-Yo morí cuando no se le abrió el paracaídas.
-¿A quién?
-A mi prometido.
-¿Iban en el mismo avión? Nunca me contaste.
-No tonta se le ocurrió hacer el salto del cóndor en el motel. Me aplastó con la guata y me dejó sin respiración.
-¿Y qué hizo?
-El canalla salió arrancando y avisó "la dama paga la cuenta".
-Has dado en el clavo sobre el hombre de estos días. Ya no son como en nuestros tiempos.
-¿Qué tiempos? ¡Nunca tuvimos tiempos!
-Somos unas calaveras sin tiempo.
-Unas calaveras pasadas de moda.
-Unas calaveras de todos los tiempos.
(Silencio. Pasa un angelito).
-Yo morí de amor...
-Cuéntate otra.
-Claro. Cuando se fue a la guerra dijo que me quería  y dijo que lo esperara en la habitación mientras volvía.
-¿Lo esperaste como se debe?
-Lo esperé y morí de amor.
-Qué muerte más romántica así debí morir yo y no de bronconeumonia.
-Aguántate un rato chiquilla. Tenía las lentejas el pan y los tomates a la vuelta de la esquina en el almacén de don Bruno pero por cumplir el juramento al pie de la letra no salí y paré las chalas de inanición. En el velorio me enteré que no pensaba haber guerra. ¡Me dio una rabia! pero qué podía hacer a esas alturas. El perla se aprovechó de un simulacro que duró tres días y se fue para nunca más volver.
-Ju ju ju.
-Juístete juístete pero no gorviste.
-¿Y tú qué soñaste?
-Yo soñé con Aliro.
-¿Qué te decía? Cuenta cuenta.
-Llegaba con una corona de flores bien morada y me la ponía en el cuello. ¡Me veía tan linda! Después desperté y dije ¡puchacay! era un sueño.
-Obligada a seguir con tu rutina.
-Claro ¿me veo linda?
-Una lindura.
-¿No te da vergüenza?
-¿Por qué?
-¿Por qué? ¿Preguntas por qué? ¿Eres o te haces la cínica?
-Mal nacida.
-Ladrona.
-Me hago la cínica y soy cínica y qué jué.
-Venir a entenderlo todo ahora que una está muerta.
-Finada es más romántico.
-Habitante del Patio de los Callados.
-Huésped del Más Allá.
-No nos pongamos a discutir por pequeñeces ahora que nos hicimos amigas.
-¿Tienes algún descargo que hacer con tus florictas? Habla ahora o calla para siempre.
-Mira chiquilla don Gastón Loyola no tiene idea de que su viuda le viene a poner flores todos los días a su tumba. ¿Qué hay de malo que yo le saque el ramo para embellecerme por las noches?
-No sabís na dicen que se quejó al cementerio.
-¿Don Gastón? Pero si es un ánima tan caballera.
-La viuda tonta.
-No es nadita de tonta la viuda.
-Tonta tú chiquilla. ¡Ay esto de no poder usar comas!
-La viuda dijo que hay profanadores de tumbas.
-Huy qué susto ojalá no me profanen pero por siaca hay que estar preparada.
-Dijo que se están robando las flores.
-Y pidió un sumario.
-Y ya lo están incoando.
-Afírmate Catalina.
-¿Inco-qué?
-Ay niña.
-Qué me importa a mí si me veo linda y gratis más encima. ¿Pero de dónde sacaron toda esa información?
-La supimos por ahí.
-Nos contó un pajarito.
-¿No se estarán haciendo amigas de Gastón Loyola? Yo le eché el ojo primero sepanló.
-Cómo se te ocurre chiquilla don Gastón Loyola es un caballero a carta cabal.
-Jamás le sería infiel a su viuda.
-Es de rosario diario.
-Y pasa las noches llorando.
-Suspirando por su amor.
-Ahora último oigo música en su tumba cuando llego a acostarme fijaté.
-Es un fiel auditor de Compases al amanecer.
-En todas partes se cuecen habas.
-Más sabe el espíritu por viejo que por diablo.
-A palabras necias oídos sordos.
(Silencio. Pasa otro angelito).
-Bueno chiquillas ¿hasta qué hora vamos a estar esperando?
-Nos dejaron plantadas parece.
-Habrase visto.
-Cuatro regias calaveras esperando a sus galanes.
-¿En qué habíamos quedado anoche?
-En que nos íbamos a juntar bajo la estatua de Abadón.
-¿No habían dicho que iban a estar a los pies del Santa Lucía?
-Ahora que me acuerdo...
-Parece que eso dijeron.
-¡Y qué esperamos!
-¡Taxi! ¡Taxi!
(Suben).
-Pronto chofer al cine Santa Lucía.
-No tonta al cerro.
-A esta hora no hay películas en el Cinerama.
-El Cinerama no existe, señoritas.
-¿Ah sí? Yo vi "La Conquista del Oeste" "Grand Prix" "2001 Odisea del Espacio" y "Jesucristo Superstar" para que sepa.
-Eso fue hace muuucho tiempo, señorita.
-Yo vi "Lo que el viento se llevó".
-Yo vi "Rebeca".
-"Rebeca" la dieron en el Astor chiquilla.
-No en el Gran Palace.
-No en el Tívoli.
-Bueno, queridas damas, ¿dónde vamos?
-Vamos a los pies del cerro Santa Lucía a juntarnos con unos galanes que nos están esperando.
-¿A los pies de acá o a los pies de allá?
-A los pies de acá.
-Perdón que me meta, damas. ¿No será muy tarde para una cita? En estos tiempos que corren...
-¿Y qué?
-¿Nos ve con miedo?
-Nosotras les tenemos más miedo a los muertos que a los vivos.
-Hay muertos muy vivarachos fijesé.
-Hasta don Gastón Loyola podría salir con su domingo 7.
-Pero estos nos parecen decentes menos el de los soquetes rojos.
-Perdón, queridas damas. No sé qué me pasa con ustedes. No es por nada, pero algo raro les encuentro.
-¿Ha visto una mala cara?
-¿Demasiados huesos como dice Serrat?
-¡Guuuuaaaaaaa!
-¡Madre mía! ¡Madrecita santa! ¡Yo me bajo! ¡Quédense con el taxi!
-Siempre hacís lo mismo palomilla.
-Un sustito qué más da.
-Ya no me da risa.
-Mira al pobre cómo corre qué culpa tiene.
-Qué culpa tiene el tomate.
-Concéntrate en la calle. ¿Dónde estamos?
-No sé me cuesta reconocer Santiago está tan cambiado.
-No es como antes.
-Antes era más bonito.
-Más romántico.
-No veo ningún tranvía.
-Ni micros con suspensores.
-Yo me sentaba al lado del motor y me iba calentita.
-Yo también.
-¿Pagabai el boleto?
-Religiosamente.
-Ahora nunca he visto que paguen.
-¿Y cuándo te hai subido a una micro?
-¿Que no andabai en puros Ford 52?
-Ay niña con la jubilación de antes ya no alcanza fijaté.
-¿Y en la matiné del biógrafo te sentabai en la fila de los cocheros?
-Jamás nunca.
-Verdad que te educaste en las monjas.
-¡Mira allá está el Santa Lucía!
-Está igualito.
-No ha cambiado nada.
-Pero no veo a nadie.
-Deben de estar escondidos detrás de las matas.
-¿No nos habrán citado a los pies de allá?
-Anda tú niña a los pies de allá y nos avisas.
-¿Por qué yo?
-Porque eres la más joven.
-Ah bueno entonces sí ya voy espérense un ratito.
(Vuelve luego).
-No estaban.
-A los pies de acá tampoco.
-¿Se habrán ido?
-Llegamos atrasaditas es verdad.
-Dos horas no es nada chiquilla.
-Si quieren celeste que les cueste.
-Galanes de poca monta.
-Ya no hay caballeros en la ciudad.
-Se han visto muertos cargando adobes.
-Tan corto el amor y tan largo el olvido.
-¿Y ahora qué hacemos?
-Ahora nos vamos.
-Tan tan.
-Como en el tango.
-Me voy pero volveré...
-Así te lo prometí...
-Norma mía.
-Me da no sé qué volver al Católico tan temprano.
-Años que no nos recogimos con el búho.
-Estaba acostumbrada a escuchar el canto del gallo.
(En el cementerio).
-No tengo sueño qué lata.
-Yo tampoco.
-Juguemos una canasta.
-No mejor un poto sucio.
-Solitario no que me da pena.
-¿Brisca?
-Rota.
-Escoba.
-Yo no soy rota.
-¿Andái con cartas?
-Las tengo abajo.
-Yo tengo lápiz.
-Y yo ando con la cuenta del Chez Henry para anotar.
-¿Cuánto les salió? Dime dime.
-Un ojo de la cara.
-Ahora entiendo los arruinamos y andan pidiendo un préstamo.
Dejamos jugando de lo lindo a nuestras cuatro esqueletas. Como el juego lo inventaron los mudos, durante horas no les salió palabra alguna de sus dientes (ay, por fin una coma), tan concentradas estaban en las cartas que el gallo les cantó tres veces y si no fuera por el grito del camión de la basura a las seis de la mañana las habrían pillado chanchitas y mañana se lo estarían contando al juez.

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