-Chiquillas lindas, ¿nos harían compañía?
-¿A nosotras nos habla?
-S-sí.
-¡Cómo tan entrador caballero! Convengo que tal vez le pueda dar la impresión de que somos calaveras pero somos damas. Uf. Lo último que faltaba.
-Y una dama no acepta propuestas indecorosas de extraños... por muy bien parecidos que sean.
(Susurros en la mesa de los donjuanes).
-Ajá. ¿Oíste, Gabriel?
(Van subiendo las voces).
-No le veo el lado malintencionado a nuestra inocente propuesta, lindura...
-Con todo respeto: somos cuatro viriles corazones solitarios que ansían un consuelo en esta atormentada vida...
(Susurros en la otra mesa).
-No hagan caso chiquillas.
-Puros cantos de sirenos.
-Barretas mogosas.
-Dudan de nosotros, Gabriel.
-Con cuánta razón, Sebastián. No es de nobles señores hacer lo que hacemos.
-Interferir en la íntima privacidad de cuatro damas...
-... que a toda vista se advierte que solo buscan pasar un momento agradable escuchando tangos y boleros.
-Y que por ningún motivo se rebajarían a aliviar el alma y por qué no decir el cuerpo de cuatro románticos perdidos.
(Susurros de las calaveras).
-¿No le estarán poniendo mucho niña?
-Se hacen las víctimas.
-Hasta me dan ganas de llorar. Qué no daría por tener ojos.
(Suben la voz).
-Caballeros la verdad es que vinimos al Chez Henry porque nos dijeron que aquí se baila el merecumbé.
-Nos dijeron también que aquí canta el tenor Danny Daneri.
-¡Qué me dices, Gabriel!
-¡Caímos parados!
-Esos gestos tan triunfales ¿se podría saber a qué se deben?
-¿Les contamos la firme, Isidoro?
-Yo creo que sí.
-Ilustres damas, me presento. Soy Gabriel Astengo, aunque se me conoce mejor por mi nombre artístico.
-¿Cuál es su nombre artístico joven?
-Danny Daneri.
-¡Usted!
-¡Tan chiquitito!
-Y tan bonito...
-Ya te enamoraste niña.
-Para servirles.
-¿No va a cantar?
-Ya canté.
-¡Ohhh!
-Pero más ratito me toca salir de nuevo.
-¡Cántenos la vereda tropical por favor!
-Será un honor...
-Ejem... ejem...
-¿El caballero se quiere presentar?
-Así es, distinguidas damas. Yo soy Sebastián Pérez-Peredo, el rey del merecumbé.
-¡Oh!
-¿Usted dirige la famosa orquesta de Pérez-Peredo?
-Yo SOY Pérez-Peredo.
(Las damas cuchichean).
-No dominamos ese ritmo tan moderno.
-¿Nos... podría enseñar... algunos pasos?
-Será un placer.
-¿Atracamos primero las mesas?
(Cuchichean las damas).
-Las puras mesas.
-Y las manitos bien arriba.
-¿Se sirven una agüita?
(Cuchichean).
-¿Aceptamos?
-¿Y si después nos pasan la cuenta?
-Ay aceptemos entonces.
-Me gusta el de bigote fino.
-A mí el de ojos verde mar.
-A mí el del paquete.
-Córtala niña.
-A mí el tímido.
-Igual que Bosnia.
-¿Y qué? Yo abro la boca cuando es súper necesario pa que sepí.
-Déjense de pelear miren que ya estamos distribuidas. Respóndeles tú niña.
-Como se habrán fijado caballeros una invitación de ese calibre no es llegar y aceptarla. Pero tras arduo debate y considerando que mientras no demuestren lo contrario ustedes nos han parecido cuatro señores harto decentes... hemos decidido darles el sí. ¿Mozo?
-¿Dama?
-Un bife a lo pobre por favor.
-A la orden.
-A mí me provoca la langosta con camarones. ¿Hay?
-¡Claro que hay, señora linda!
-A mí de entrada patas de elefante y de fondo me tinca el avestruz con puré de manzana.
-A mí el filete a la mestregnon cuisí-cuisí. Y le pone dos huevitos fritos arriba si tiene la bondad.
(Cuchichean ellos).
-Chuta, Isidoro, ¿tenís efectivo? Las cabras andan hambreás.
-No, pero lo anotamos en la libreta.
-Me sopló el mozo que estaba llena y que antes de abrir otra hay que liquidar.
-Dile al Gabriel que haga el show por la comida.
-Chita, cabréense con la tonterita. A un tenor profesional no se lo trata de esa forma. ¡Yo, que conocí a Caruso! y terminar así.
-No nos veamos la suerte entre gitanos, Gabriel. Subiste del fogón a pedirle un autógrafo cuando cantó en el casino del vapor.
-Ya pos cabros, pónganse alguna vez ustedes.
-Lo anotamos en la libreta a nombre de todos.
-Bueno.
-Si acepta el dueño.
-¡Cómo no va a aceptar!, cuando le sabemos el manso renuncio.
-¿Esa vez que lo pillaste todo colorado con la Sandy en las rodillas?
-No pos, Aliro, acuérdate del mozo que le entregó la bolsa con la diosa blanca. Tú ibas entrando.
-Ah, ya, pero eso no es tan secreto. ¿Me vái a decir que los tiras de la otra mesa no saben?
-Un renuncio es un renuncio. Se trata de guardar las apariencias, Aliro. ¡Eres demasiado romántico! Vives pensando qué irá a decir la Gloria. Apollerado.
-¿Y a pito de qué me sacas eso, Sebastián, si tú andái por las mismas con la Eliana?
-En mi casa mando yo.
-La Glorita dice lo mismo.
-Muchachos, a lo nuestro.
(Música).
-¡Vooooy... por la vereda tropical!
-Ay niña salió a cantar Danny Daneri y yo con la boca llena.
-Qué lindo que se ve.
-Tan chiquitito.
-Parece otra persona.
-Con ese rulito que se hizo en la frente.
-Déjamelo a mí niña tan tierno que es.
-Y esa voz... si te contara lo que me pasa...
-Mejor que Leo Marini.
(Susurros).
-¿Hablaste con el mozo, Isidoro?
-Todo arreglado. A fin de mes pagamos.
-Sírvanse, damas. ¿Qué les parece Danny?
-¡Regio!
-Voz meliflua.
-Me pone los pelos de punta.
-¿Qué pelos niña que no te depilaste?
-Discúlpela caballero esta es virgen.
-Ay, hombre.
-... Y me juró quererme más y más, y no olvidar jamás, aquella noche junto al mar...
(Suspiros).
-Ohhh...
-Ahhh...
-Ac.
(Se acerca el mozo y le habla al oído a Sebastián).
-¿Cuatro liniecitas?
-Pero hombre, cómo se te ocurre. Esto no es vicio; es amor...
-A la orden, ¿se sirven algo más, damas?
-¿Qué hay de postre?
-Flan casero, mote con huesillos, panqueque con helado de frutilla y torta de milhojas.
-Ay yo quiero de todo.
-Contente niña ¡prívate de algo alguna vez!
-¡Me da una vergüenza salir contigo!
-Discúlpela caballero que tiene la lombriz solitaria.
-... Tú la dejaste ir, vereda tropical; hazla volver a mí. Quiero besar su boca otra vez junto al mar... vereda tropicaaal!
-¿En qué quedamos con el postre?
-Que no se note pobreza. Mozo, ¡eche a correr el pedido!
-A la orden.
(Gabriel vuelve a la mesa).
-¿Cómo canté?
-¡Divino, Danny! ¿Lo puedo llamar Gabriel?
-Como gustes, preciosura (se vuelve hacia los amigos). ¿Quedó algo pal manye?
(Se van haciendo las parejas).
-¿Y usted Isidoro de dónde es?
-De Rancagua.
-¿Y a qué se dedica?
-Soy distribuidor.
-Ah qué interesante ¿y qué distribuye?
-Los diarios, a todos los quioscos de Rancagua. Me levanto a las cuatro de la mañana a recibir los periódicos en la estación de ferrocarriles, los llevo a mi local en mi vehículo...
-¡Tiene vehículo!
-Algo sencillo, una Ford F-1. Para mis asuntos privados uso una motoneta Vespa.
-¡Tiene una Vespa!
-Bueno, ¿me deja hablar?
-Huy que fuerte.
-Le decía que como a las cinco de la mañana empiezan a llegar los canillitas a buscar los diarios para llevárselos a los quioscos. El último día hábil de cada mes lo dedico entero a contar plata. En el barrio me dicen el Pachá porque firmo cheques. Pero hábleme de usted.
-Si supiera Isidoro mi vida es tan vacía mejor ni le cuento dejémosla en el misterio...
(Otra pareja).
-¿Y cuál es su gracia?
-Aliro.
-¿Aliro cuánto?
-Aliro penca de gorilo.
-¿Cómo dice?
-Dejémoslo en Aliro.
-¿Es de los Aliros de Talca?
-No, de los Aliros de La Unión.
-Escuché que uno de sus amigos lo trató de apollerado.
-Lo dicen de envidia, porque soy un caballero. De los de antes.
-Me gustan los caballeros y usted parece uno de ellos se nota de lejos.
-Visto de terno y corbata y el sombrero lo saqué a crédito en Donde golpea el monito.
-Un caballero a carta cabal.
-Cuando veo que una dama hace parar un coche victoria corro a abrirle la puerta. Un día le puse mi paletó en el suelo para que no se ensuciara.
-¿El paletó?
-No, los pies de la dama.
-¡Qué romántico!
-Después me lo puse con una bosta de caballo en la espalda, pero me aguanté.
-¿Y a qué se dedica?
-Estoy en el banco.
-No me diga que me saqué la Polla con un banquero.
-Algo así. Soy bancario.
-¿Eso es más... o menos?
-Para serle sincero, es mucho mejor que ser el dueño del banco.
-¿Ah sí?
-¿No le digo? No tengo que pagar gratificación ni bonos de vacaciones. No tengo que preocuparme del Dow Jones ni de las carteras vencidas. Las platas hay que vigilarlas, sí, pero otros ordeñan la leche. Tampoco me toca hacer los baúles para el viaje a París.
-¿Ha ido a París? ¿Conoció a Jim Morrison?
-Ir a París es de futres. El patrón y la patrona se van todos los inviernos. A la vuelta el patrón llora miserias; dice que la patrona se gastó un dineral y me pide que lo acompañe a tomarse una malta con huevo. Yo lo consuelo. Me tiene cariño. Por eso siempre voto por él.
(Otra pareja).
-¿Y dónde aprendiste a cantar así Gabriel? ¿Te puedo tutear?
-Tutéame nomás, lindura.
-¡De repente sacaste una voz! Casi se quebraron las copas.
-De chiquitito me gustó cantar. En la escuela cantaba Granada y Noche de ronda y los profesores quedaban plop. Después con el Sebastián nos metimos al rubro del transporte público y compramos cuatro liebres, dos para cada uno, pero mi pasión es el canto.
-¿Verdad que cantaste con Caruso? Algo así oí decir.
-Te mentiría si dijera que es verdad completa. Viajamos juntos en un gran vapor y nos hicimos bastante amigos, no lo voy a negar.
-¿Te preguntó de Chile?
-Claro que sí.
-¿Y qué le dijiste?
-Le hablé de las empanadas, del vino tinto, las cuecas, el Patito chiquito y los terremotos. Lo dejé con la boca abierta. Cuando le conté del viaducto del Malleco, el bachicha no lo podía creer.
-Tienes mundo. Se nota. ¿Y dan las liebres?
-Sirven para alimentar a los críos, perdón se me salió, no vayas a tomarlo por cierto. La verdad es que estoy separado hace años. Mi mujer no me comprende... Sufro esta soledad como no te imaginas... Cada noche es un calvario...
-¿Pero dan las liebres?
-Dan para llegar a fin de mes. Es que los choferes son ladronazos. Pero ya que estamos en confianza, ¿te puedo hacer una pregunta?
-¿Qué quieres saber Gabriel?
-Si no es indiscreción, me he fijado que ninguna de ustedes usa comas.
-Huy qué horror lo descubriste que observador que eres.
-Ahora que nos estamos conociendo, ¿sería mucha frescura querer saber la razón?
-No te la vamos a revelar aunque nos metas en un río de pirañas.
-¿Ni un pichintún? Soy muy curioso te voy a confesar. Ju ju ju se me está pegando.
-La verdad Gabriel es que te metiste en el meollo del asunto entre nosotras cuatro. Pusiste el dedo en la llaga como se dice. Hay traumas que no conviene sacar a flote. Bueno tampoco es para ponerle tanto pero le da caché a la conversa ¿entendís o no?
-Conozco un doctor que atiende casos como el de ustedes. ¡Es una maravilla! La otra vez entró a la consulta una mudita y salió hablando francés. Y atiende por Fonasa te diré. El doctor, no la mudita. Te puedo dar su número de fax. El del doctor, porque la mudita no tiene fax y tampoco tenía teléfono, pero el doctor me contó que ahora puso uno para llamar a Francia.
-¿A quién?
-Parece que la muda quería llamar a Sachá Distel. Si quieres te doy su teléfono, pero no sé si hablará castellano.
-Voy a estudiar tu ofrecimiento.
(Locutor).
-¡Con ustedes... Sebastián Pérez-Peredo y la sonora Matucana!
(Música).
-¡Uuuuuuuu! ...¡Maaam-bo!
-Huy Gabriel se me va solo el esqueleto a la pista ¿no vienes?
-Prefiero los lentos, pero te confieso que los mambos del Sebastián son capaces de levantar muertos.
-¡Azúcar!
Y así fue que se armó la fiesta. Cada calavera con su pareja, menos la que se decía virgen, que se quedó mirando, mientras Pérez-Peredo dirigía la orquesta con un chihuahua en brazos.
-Cáchate el pasito que inventé.
-Lúcete, Isidoro.
-¡Estás causando sensación!
-Lúcete por los tres.
-Y eso que ando con un lumbago en la espalda de atrás.
-Hace rato que a mí como que me quiere dar un ataque de ciática.
-Yo ando fallo al talón de Aquiles.
-Hazte ver, Aliro, hazte ver.
-Y mientras tanto las cabras parecen una perinola.
-¿Aquiles no es el de la espada?
-No pos, Gabriel, ese es Pericles.
Luego le tocó el turno a su amiga; eso fue cuando Danny Daneri hizo su última salida de la noche. Entonces Sebastián sacó a la virgen y apretaditos bailaron El reloj. Isidoro le mentía chic to chic a su pareja y Aliro danzaba alejado, a disgusto de la calavera que en suerte le tocó.
-Debo confesarle que soy tímido. Mi mamá me dejó salir a mi primera fiesta a los treinta años y me fue a buscar. Ahora me escapé de la Glorita, pero siento un complejo de culpa.
Palabras que desataron el furor de su compañía, que estuvo a punto de lanzarlo todo a la chuña, pero como calavera con oficio nunca muere, recapacitó y decidió encauzar las aguas: con hombres así hay que hacer de tripas corazón.
-Si ahora bailas conmigo ¿para qué pensar en tu Glorita?
-Es que...
-Calla Aliro que la noche es breve y el corazón languidece. Si el destino nos ha unido no quieras separarlo con sensiblería barata.
Detén el tiempo en tus maaanos, haz esta noche perpetua... para que nunca se vaya de mí... para que nunca amanezca...
-Qué lindo que canta tu amigo. Atrácate un poco más Aliro que desfallezco de pasión.
-Si me atraco más me puedo ir cortina.
-¡Ay Aliro hazte hombre alguna vez!
-Glup.
Antes de que el gallo cantara las parejas salieron al Portal Fernández Concha e hicieron parar un coche.
-¡Coche!
El cochero se detuvo.
-Dónde putas van los señores.
-Siga de largo, las orejas de las damas han sido mancilladas por vuestras palabras.
-¡Así se habla, Gabriel!
-Acertó pasar un taxi.
-¡Taxi!
-El taxista se detuvo.
-¿Dónde los llevo?
-Valdivieso con Avenida La Paz, por favor.
-Pero ahí están los cementerios...
-¿Y qué? ¿Acaso Pericles no podía usar espada?
Las parejas fueron abordando el vehículo y el taxista las detuvo.
-¿Cuántos piensan subir? Esto no es el concurso de Don Francisco.
-Apretaditos cabemos de lo más bien.
-Bueno.
-Y así lo hicieron. Dos adelante y seis atrás.
-Deje a las damas en el Cementerio Católico, si tiene la bondad.
-Fíjate niña caballeros hasta el final.
-Primera cita sin probar bocado.
-Ni un besito saqué.
-¿Y usted Aliro está alojando con sus amigos?
-Así es. Estamos hospedados en el General. Hemos escuchado que nos quieren desalojar por no pago. Pero no vayan a pensar ni por un segundo que somos embaucadores.
-La culpa recae en nuestros nietos. Nosotros somos unos caballeros.
-¡Son unos calaveras! Ju ju ju ya lo sospechábamos.
¡Al taxista le dio un susto! En dos minutos llegó al camposanto, donde las damas se apearon, como se dice.
-Adiós chiquillos y gracias por tan hermosa velada.
-¿No quieren bajar a servirse un trago?
-¿Qué tienen?
-Gloriado.
-Mejor que no. Ya va a cantar el gallo.
-Adiós entonces, chiquillas. ¿Nos vemos mañana?
-A las doce clavadas en la estatua de Abadón. Y de ahí nos pueden sacar a pasear. Tantas ganas que tenemos de ir al cerro.
-¿Al Santa Lucía?
-Ese mesmito.
-Tan pecador de noche, tan inocente de día...
Y así se cerró una noche más en la vida de nuestros personajes.