jueves, 17 de diciembre de 2015

¡Al Chez Henry!

¡Estoy requete atrasada!
No es una sino cuatro voces las que repiten la misma frase, sin ponerse de acuerdo. Dan las 12 campanadas los relojes de las iglesias cercanas cuando nuestras cuatro maliciosas calaveras se levantan de sus tumbas. Han convenido reunirse una vez más a la hora susodicha bajo la estatua de Abadón, pero a la campanada duodécima todavía se maquillan en sus criptas, claro que a la velocidad del rayo, de modo que es de imaginarse cómo les habrán quedado los ojos hueros con el rimmel. Han dejado la pintura de labios para el final. Son maestras del disimulo, pero a más de una se le pasa la mano y llega a la cita con el rouge hasta los dientes.
-¡Qué te hiciste en la calavera niña por Dios!
-Es que tengo los labios tan finos.
-Te pintaste hasta los dientes. ¿No usas espejito? Yo te presto el mío.
-El que me prestaste ayer estaba malo. No me vi la  cara.
-A mí tampoco me sirve. Por eso yo me pinto de memoria.
-¿Tienes hora?
-Un cuarto para la una.
-¡Huy se está haciendo tarde! ¿Y las demás?
-Me mandaron un whatsapp. Dicen que ya vienen.
-¿Cuánto pagas al mes por el teléfono?
-Tengo un plan de 30 mil.
-¿En Movistar?
-Cómo se te ocurre niña. Me cambié a Claro.
-Yo tengo Wom. ¿Claro es la de Don Francisco?
-La de Don Francisco.
-Dicen que tiene la herramienta bien larga.
-¿Que la viste?
-Salió en el "Clinic". ¿Que tú no se la viste?
-Sí se la vi pero de reojo. Hice como que no la vi.
-¿Será verdad lo que dicen?
-¿Lo del hijo? Es igualito.
-No tonta. Lo de la Gotita.
-Dicen que cuando estaban en lo mejor salió de una cortina el chacal de la trompeta.
-Dicen que el chacal de la trompeta es voyerista. Se esconde detrás de las cortinas para sapear.
-A mí me contaron que tiene la media corneta.
-¿Quién te contó? Dime.
-No me acuerdo. ¿No fuiste tú misma?
-No. Yo lo que dije es que la toca bien desafinada.
-¿Cómo lo supiste? Te pillé.
-Es cosa de escucharla mal pensada.
-Ay niña todavía no empieza la noche y ya estamos métale y métale.
-Me tinca que hoy será nuestra gran noche.
-¡Huy!
-Oye...
-¿Qué?
-¿Qué plan tienes tú?
-Te dije que tengo un plan de Wom, pero no me está gustando. Ayer me ofrecieron otro más barato y con más minutos. Llegaron a la misma tumba con el contrato. Tuvieron que bajar cuatro escalones y yo tengo que haber salido a abrir ¡con una cara!, porque la niña abrió así unos ojos.
-¿Firmaste?
-Me tembló la mano y la niña se asustó.
-¿Qué te dijo?
-Qué le pasa señora me dijo.
-¿Y qué le dijiste?
-Es que no me pinté las uñas le dije. Por eso tengo las manos tan blancas le dije. Salió corriendo.
-Oye niña...
-¿Qué?
-¿Tú creís que damos susto?
-Me tinca.
-¿No nos estará haciendo falta una estiradita?
-Lo mismo me dijo el otro día la de la tumba 28.
-¿Esa que se las daba de virgen? Creerá que somos de las chacras.
-No niña. La tonta lesa que le dicen. Estírate niña me dijo. Y con qué ropa le dije. Pedís un préstamo en la Caja Los Andes me dijo. Pero si estoy encalillada hasta las canillas le dije. Tú no sabís cuidar la plata me dijo. Búscate un califa que te pague la estirada me dijo. Claro que tenís que prometerle algo me dijo. Y después tenís que cumplir aunque sea una vez me dijo. Además que cumplir no es tan malo me dijo.
-¿Agarró un califa la tonta lesa? No sabía.
-¡Ardes de envidia niña!
-¿Yo? Dónde la viste. Ya no estoy para esos trotes.
-Se te puso la calavera roja.
-Ay niña.
-Shhh, que ahí vienen.
-¡Hola chiquillas!
-Llegaron las atrasaditas de siempre. Llevamos como una hora esperándolas. Se nos han pasado dos taxis.
-Perdona linda. Es que se me fue en collera la estucada.
-A mí también.
-Andan pasadas a gladiolos. Pero se ven macanudas.
-Gracias. Tú estái cachilupi.
-¿Y yo?
-No tanto.
-¿Creen que no tengo arreglo?
-Un poquito.
-Me voy a deprimir. Siempre salen con la misma. Mejor me entro.
-No te pongái sentimental niña. ¡Si estái preciosa! ju ju ju sobre todo con ese tocado que te hiciste.
-Lo saqué de la revista Ecran.
-¿Del Ecran? ¿Todavía sale?
-Parece. Lo compré en San Diego.
-¡Huy que hace tiempo que no oía del Ecran!
-No te vayas a sentir pero como que estás pasadita de moda niña.
-¿No ven? Me entro no más.
-Allá tú... ¡Taxi! ¡Taxi!
-¡Espérenme chiquillas!
-Ven tonta sube.
-¿Le creíste que se iba a quedar sola? ¡Esta es más miedosa!
-La otra noche no quería entrar a su cuarto porque dijo que le iba a salir el cuco.
-Tiene que haberse llevado pa callado al de los soquetes rojos.
-No. Ese me lo serví yo.
-Shhh que entra.
(El taxista).
-¿Dónde las llevo, linduras?
-Al Chez Henry por favor.
-¿Chez Henry? ¿Dónde queda eso?
-¿Que no sabe? En la Plaza de Armas. ¿Usted de dónde es? ¿Nunca oyó hablar de Lorenzo D'Acosta? ¿Nunca oyó hablar de la Voz de oro del Mississippi? ¿Nunca oyó hablar del Cantor de los cien barrios porteños? ¿Nunca oyó hablar de Carlos Arci?
-¿Y de Lorenzo Valderrama?
-¿Y de Luis Alberto Martínez?
-¿Y de Danny Daneri?
-¿Y de Ramón Aguilera?
-Como que me suenan...
-¿El Pollo Fuentes?
-A él sí lo ubico.
-¿Rosamel Araya?
-¿Julio Jaramillo?
-¿Alci Acosta?
-¿Peter Rock?
-El finado ese murió hace poquito. Le decían el Dinosaurio del rocanrol. Oigan chiquillas, ¿de qué edificio salieron?
-Del Cementerio Católico... ¡Uuuuuuuaaaaaaaaa!
-¡Mamacita!
-Espere joven no se vaya que no sabemos manejar.
(De lejos).
-Les regalo el taxi...
-Sea buenito...
-Nos dejó botadas.
-Ya no quedan hombres en este mundo.
-Bruto.
-Tú siempre con tus tallas niña. Ahora nos llevái como sea. Mira que la segunda salida tiene que haber empezado hace rato.
-¿Creen que no sé manejar? Vamos pero sin asustarse.
(Parten).
-¡Más cuidado tonta que nos podemos matar!
-¡Frena!
-Ya. Si no les va a pasar nada. Cierren los ojos. ¿Les conté que el otro día vi al Juan Peralta?
-¿Al Juan Peralta? ¿Dónde lo viste chiquilla?
-En Avenida España con la Alameda. Iba saliendo de la Casa García de lo más prisco.
-¿Iba con la camisa celeste y el pañuelo cafiolo? ¿Ese pañuelo verde con lunares?
-El mismo.
-Tan churro el Juan Peralta.
-Y tan caballero.
-Ese sí que sabe tratar a una dama.
-Las tiene todas.
-Ya chiquillas. Llegamos. Bájense.
(En el Chez Henry suenan los compases de Lorenzo D'Acosta. Un mozo las atiende).
-¿Una mesa para las damas?
-Una mesa para cuatro por favor. ¿De dónde viene usted? ¿De Colombia?
-De Venezuela, dama.
-El país de Chávez y Maduro...
-¡Con Maduro ni a misa! ¡Ni me lo nombre, por favor!
-Huy qué fuerte. Oiga jovencito olvídese de la política y hágame un servicio...
-Dígame, dama.
-Ubíquenos cerca de esa mesa de ahí.
-¿La de los caballeros?
-Shhh más calladito.
-Cómo no.
(Hablan los caballeros).
-Mira, Gabriel, llegaron cuatro chiquillas.
-¿Nos tiramos?
-Con elegancia, Sebastián, con elegancia.
-Se ven medio pasaditas.
-¿Cuál te tinca a vos?
-A mí déjame la que se parece a Gina Lollobrigida.
-Ya te curaste Aliro.
-A mí me gustó.
-Te gustó porque se parece a la Gloria, apollerado.
-Cada uno con sus gustos, como decía la vieja.
-Ok, muchachos, no se discute más.
-Manos a la obra.
-Que sea lo que Dios quiera.


Dramático encuentro de cuatro calaveras donde se habla del tiempo y otras bagatelas

Bajo la estatua de Abadón que se halla a un costado del Cementerio Católico se han dado cita cuatro calaveras con sus largos esqueletos. Una llega primero porque no puede llegar segunda y mientras espera a las demás se pone a tejer un chaleco. Dos aparecen juntas y cuando las tres ya se van, cansadas de esperar a la cuarta, ésta aparece corriendo. Y así se arma el cuarteto.
-¡Ay niñas supieran lo que me costó llegar!
-Cuéntate otra.
Hacen parar un taxi; suben las cuatro, el chofer repara en ellas.
-Tan flacas que están las damas.
-Así se usa ahora y viera lo que nos cuesta -ríen picaronas, porque el bigote del chofer es grandote y abultado.
-Yo las prefiero rellenitas.
-¡Qué sabe usted de calaveras! -protestan al unísono y las del asiento trasero se codean, en tanto que la ubicada en el asiento del copiloto gira la cabeza en 180 grados para reír con las demás, lo que le arranca un suspiro de horror al taxista bigotudo.
-Virgencita linda, bájense por favor.
-¿Llegamos?
-Sí.
Ya están las cuatro en el café de moda. Los garzones saltan como pulgas antes de sumergirse en el pelamen del perro, pero el más valiente las conduce a un discreto salón reservado, donde les toma el pedido, que consiste en tres cortados, un café con leche, cuatro sodas, dos pasteles de manjar con crema chantilly, un trozo de kuchen de manzana y una porción de torta de mil hojas.
-¿Azúcar o endulzante?
-¡¡¡¡Endulzante!!!!
Apenas las dejan solas se largan a conversar.
-Qué te paso niña que llegaste tan tarde. Ya nos íbamos.
-Figúrate que venía por la avenida Los tilos cerca de donde reposa Balzac cuando de un panteón me salió Jim Morrison y me cortó el paso...
-Dónde la viste. Habrá sido Oscar Wilde. Jim Morrison no se fijaría en ti.
-¡Te juro que era Jim Morrison!
-Si tú lo dices pero...
-¿Por qué no se fijaría en mí?
-Ay linda pechocha tú sabes lo que te aprecio pero... cómo te lo explico... estás... pasadita... y te falta ese aire de femme fatale...
-¡ERA Jim Morrison! Y para que sepas me invitó a salir. Mañana nos vamos a juntar a las 12 en punto.
-¿Del día o de la noche?
-No estoy para bromas.
-Esta ni sabe que Jim Morrison descansa en paz en Francia.
-Habrá sido entonces Peter Rock. Pero era uno igualito a Jim Morrison.
-¿Qué tejes niña?
-Un chaleco para mi nieto.
-¿En qué punto lo tomas?
-En el punto aparte pero el cuello y las mangas son de punto seguido.
-¿No usas el punto y coma?
-¡Ni por nada! Les tengo horror a las comas.
-Ay niña yo también qué casualidad.
-Bonito el color de tu chomba pero no me gusta.
-Ay tú siempre tan criticona.
-Te digo la verdad niña. Tú sabes que con mis amigas soy franca.
-Francota.
-¿Vieron a los cuatro de la mesa del rincón?
-Sí tonta ya me fijé.
-¡Nos comen con el hueco de los ojos!
-No les hagas caso. ¡Son unos calaveras!
-¡Esqueletos gigolós!
-Los cafés están llenos de tipejos de esa laya.
-Nos habrán tomado por veteranas necesitadas.
-Veteranas a mucha honra.
-Necesitadas sí podría ser por qué no.
-¡¡¡¡Pero nunca lo vamos a decir a los cuatro vientos!!!!
-Pero fíjate que los peoresnada tienen su encanto. Mira cómo toma el cigarro el de zapatos blancos. ¿No es un bombón?
-A mí déjame el de los huesos gordos. El que se parte al medio. Se parece a ese de la tele que jugaba rugby.
-Tienes toda la razón.
-Necesito un mejoral.
-¿Que te duele la cabeza?
-No niña por Dios. Con este frío me duelen los huesos.
-A mí también fijaté.
-¿Notan que ahora está haciendo más frío que antes?
-Antes llovía más.
-¡El otro día hizo una calor!
-La calor dicen los huasos.
-Huasa no soy. Hizo calor y en pleno invierno. Desmiéntanme.
-Cómo cambia el tiempo.
-Se ha puesto tan raro.
-Será por el calentamiento global.
-Si sigue así qué irá a ser del planeta.
-¿Y qué te importa a vos si ya estái al otro lado?
-¿Y por ser calavera no tengo derecho a opinar?
-Claro que no tonta.
-¿Y entonces a quién le echo la culpa del dolor de huesos?
-A la edad pos niña. A la edad.
-Échate una friega con el carné.
-Ustedes no lo hacen nada de mal.
-Mmm... nosotras somos bonitas y sexys.
-Gracias al doctor Vidal. ¡Las vi entrando a estirarse los huesos!
-¿Nos viste?
-¡Las vi! Y por si fuera poco las volví a ver.
-¿Nos volviste a ver?
-¡Sí! Entraron a ponerse silicona en el esternón y un relleno en la fosa ilíaca. Me lo contó la secretaria.
-¿Y qué? Ahora estamos bonitas. Mira cómo esos dos nos comen con las órbitas.
-¿Cuánto les salió?
-Cien mil. En tres cuotas.
-Está bien rico el café.
-El mío me salió tibión.
-Pídele al mozo que te lo cambie.
-No me atrevo a molestar.
-A vos no se te pasa lo tímida ni cuando estái finada. Yo le pido.
-Ay niña no me avergüences.
-Qué te voy a avergonzar. ¡Mozo cámbiele el café por favor! Le salió frío.
-Cómo no.
-¿Viste que era fácil?
-Sí.
-¿Te fijaste cómo nos siguen mirando?
-Sí.
-Hagámonos las tontas.
-¿Y si nos invitan a sentarnos con ellos?
-La noche es larga.
-¿Andái con pastillas?
-No las traje.
-Yo te presto.
-Me da miedo.
-Di que no hasta el final. Al final decís que sí.
-Me da miedo. Es que ... soy virgen.
-¡¡¡Virgen!!! Nunca nos habías contado.
-Es que me daba vergüenza. Ustedes que tuvieron tantos hombres y yo...
-¿Nunca le viste el ojo a la papa? ¡No te creo!
-Verdad.
-¿Ni un poquito?
-No.
-¿Ni la puntita?
-Nada.
-Ahora ya es un poco tarde niña. Pero si te atreves...
-¡Me da un terror!
-¿Cuál te gustó de los cuatro?
-El... de soquetes rojos.
-Ese tiene el medio paquete. No te conviene.
-¿De qué hablan? No entiendo.
-Para empezar quédate con el del reloj de oro. El de los soquetes rojos déjamelo mejor a mí.
-Chí. La tontita le dicen.
Y así se desarrolló la velada, que duró hasta que las velas dejaron de arder. Los ocho remataron en un hotel de mala muerte y no bien cantó el gallo por vez primera las amigas calaveras saltaron de sus camas con los esqueletos bien descaderados, se vistieron a la rápida, tres de ellas socorrieron a la amiga virgen y las cuatro volvieron apuraditas al cementerio cantando lirín-lirán. No se alcanzaron ni a lavar los dientes, menos aún las partes pudendas, que dejaron para la noche siguiente. Durante el día ¡salió un olor de sus nichos! Sin ir más lejos, todas las flores ubicadas en un generoso perímetro se marchitaron. La administración del recinto ordenó rociar el sector circundante con aerosol de pino silvestre, pero como los encargados se negaron siquiera a acercarse fueron despedidos ipso facto.